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Psicología comunitaria: La visión de James G. Kelly

Swampscott by Boston Public Library (CC BY 2.0)

Formación en psicología comunitaria

En los orígenes de la psicología comunitaria, James G. Kelly reflexiona en un artículo publicado en 1970 sobre algunos de los factores clave que pueden transformar la formación de los profesionales de la psicología, a saber: (a) ampliar la definición de terapia, (b) desarrollar los criterios que definen a los proveedores de ayuda competentes, (c) participar en las comunidades locales y (d) incorporar una visión de largo plazo. Trabajar en la comunidad requiere de competencias específicas entre los profesionales de la psicología.

7 iniciativas para potenciar el rol comunitario de los profesionales de la psicología

James G. Kelly propone una visión ecológica, en la que es fundamental participar en la comunidad local. Esto conlleva implicarse en iniciativas cívicas, conocer el entorno inmediato y comprometerse con el desarrollo local. Más concretamente, pueden ser de utilidad las siguientes 7 acciones:

  1. Selección de estudiantes que han mostrado potencial para actuar como agentes de cambio. Las experiencias previas en iniciativas de voluntariado o sus antecedentes como líderes comunitarios en contextos locales pueden informar de competencias que facilitan la formación como psicólogos con enfoque comunitario.
  2. Fomentar la interdisciplinariedad. El trabajo social sobre el terreno conlleva necesariamente la implicación de profesionales de diferentes áreas, que deben colaborar entre sí. El practicum puede ofrecer oportunidades para ello.
  3. Incorporar una visión longitudinal. De esa forma se pueden implementar acciones preventivas y potenciar el desarrollo local.
  4. Fomentar la integración de teoría y práctica. Se trata de desarrollar prácticas basadas en la evidencia y fomentar el aprendizaje continuo a partir de la implementación de programas.

“El criterio para ver si la teoría y la práctica se mezclan es que los productos teóricos son válidos si explican lo que está sucediendo hoy; las prácticas son relevantes si ayudan al psicólogo comunitario a anticipar los efectos de las intervenciones en el futuro”. (p. 528)

  1. Participar en los encuentros comunitarios. Es fundamental integrarse en la vida comunitaria y aprovechar las oportunidades de socialización.
  2. Identificar otros recursos comunitarios que se pueden utilizar o con los que se puede colaborar. También puede implicarse en la creación de nuevos recursos comunitarios.
  3. Actualización continua de la psicología comunitaria. Para ello resulta especialmente oportuno contar con contextos de interacción de referencia para la profesión.

Recursos sobre el rol del psicólogo comunitario

Los siguientes recursos pueden completar las propuestas de James G. Kelly para fomentar la psicología comunitaria:

Para saber más

Artículo basado en:

  • Kelly, J. G. (1970). Antidotes for arrogance: Training for community psychology. American Psychologist, 25(6), 524.

Evaluación psicométrica del sentido de pertenencia a la comunidad

Neihgborhood by arbereed (CC BY-NC-SA 2.0)

Factores del sentido psicológico de comunidad

Desde sus orígenes (en la propuesta original de Seymour Sarason en 1974), se ha concebido el sentido psicológico de comunidad como un concepto que refleja tanto la interdependencia entre los miembros de un colectivo como el sentido de pertenencia a una entidad superior. Así, los miembros de una comunidad suelen desarrollar una conexión emocional compartida, al mismo tiempo que ven cubiertas sus necesidades a través de intercambios recíprocos. Para evaluar el sentido psicológico de comunidad, uno de los instrumentos más utilizados es el Sense of Community Index (SCI) que representa, los 4 factores que según la propuesta de McMillan y Chavis, lo componen:

  • Membrecía.
  • Influencia.
  • Satisfacción de necesidades.
  • Conexión emocional compartida.

Sin embargo, al utilizar el SCI no siempre se han encontrado empíricamente estas cuatro dimensiones teóricas. Esto ha llevado a cuestionar la validez y la fiabilidad de dicho instrumento. En dicho contexto, se ha recurrido a diferentes versiones de la escala:

  • Una escala unidimensional de 12 ítems. Se ha comprobado, sobre todo en contextos residenciales, que el uso unidimensional del SCI suele funcionar mejor que la estructura de cuatro factores.
  • Una escala reducida de 10 ítems, con los 4 factores.
  • Una escala reducida de 10 ítems con 3 factores: conexión, vínculos sociales e importancia personal.

Un estudio reciente puso a prueba la estructura factorial de la escala con 6 modelos diferentes. El modelo unidimensional fue el que obtuvo mejores resultados. No obstante, en general se observaron limitaciones psicométricas en todas las versiones. De hecho, proponen la necesidad de diseñar herramientas alternativas de evaluación del sentido psicológico de comunidad.

Una alternativa de tres factores

Un instrumento que ha mostrado buenas propiedades psicométricas es la escala de 9 ítems desarrollada por Leonard Jason y colaboradores. Se trata de una escala que valora el sentido de pertenencia en 3 factores

  • Identidad e importancia de la comunidad para el individuo (Self).
  • Relaciones sociales (Pertenencia).
  • Propósito y organización del grupo (Entidad).

La escala se ha utilizado en combinación con el análisis de redes sociales, mostrando una asociación positiva de la densidad de las redes personales con el sentido psicológico de comunidad.

Para saber más

Artículo basado en:

  • Cope, M. R., Ward, C., Jackson, J. E., Muirbrook, K. A., & Andre, A. N. (2020). Taking another look at the sense of community index: six confirmatory factor analyses. Journal of Community Psychology, 48(5), 1410-1423.

Referencias

  • Jason, L. A., Stevens, E., & Ram, D. (2015). Development of a three‐factor psychological sense of community scale. Journal of Community Psychology, 43(8), 973-985.
  • Maya-Jariego, I., Letina, S., & Tinoco, E. G. (2020). Personal networks and psychological attributes: exploring individual differences in personality and sense of community and their relationship to the structure of personal networks. Network Science, 8(2), 168-188.

Qué funciona en la prevención

Casos de intervención psicosocial efectiva

La Editorial Pirámide ha publicado el libro «Qué funciona en la prevención comunitaria. Casos de intervención psicosocial efectiva«, coordinado por Isidro Maya Jariego y Daniel Holgado Ramos.

El manual ofrece una revisión sistemática de los programas comunitarios que resultan efectivos en la prevención de problemas sociales:

«En este libro se analiza qué funciona en la prevención comunitaria. Siguiendo la tradición de investigación-acción de Kurt Lewin, se examina de manera sistemática cuáles son las prácticas basadas en la evidencia que funcionan de manera efectiva en diferentes contextos sociales. Cada problema social requiere de intervenciones específicas y los resultados dependen en parte del sistema comunitario receptor. En la primera parte, se revisan las características de los programas efectivos y el tipo de estrategias psicosociales que se han mostrado ejemplares en la prevención de la violencia, la delincuencia, la exclusión social, el abuso de drogas, el desempleo y otros problemas sociales. En la segunda parte, se realiza una recopilación de casos de intervención psicosocial efectiva. Con una guía de análisis de programas psicosociales en diez preguntas, se presentan intervenciones para la prevención de embarazos no deseados, la rehabilitación de personas sin hogar, la prevención del abandono escolar, la orientación laboral, la reinserción de niños de la calle, la prevención del sida y la promoción del voluntariado, entre otras necesidades sociales. Finalmente, se desarrolla una visión comparada de los factores de riesgo y protección, que contribuye a sistematizar las prácticas de intervención efectivas.»

El libro tiene una parte teórica de introducción a la intervención comunitaria y una parte práctica con casos de intervención comentados:

  • Una introducción a la psicología de la intervención social y comunitaria.
  • ¿Qué es la intervención comunitaria?
  • ¿Qué resulta efectivo en la prevención?
  • ¿Qué programas pueden servir de modelos para la intervención?
  • ¿Por qué es importante la implementación?
  • Recapitulación. La comunidad en el centro de la implementación de programas.
  • Casos prácticos de intervención comunitaria.

Está pensando como un manual práctico para estudiantes de psicología o trabajo social (y profesionales de la intervención en general). Pero no es solo un libro de texto. Está estructurado de forma que se revisan hasta 16 problemas sociales diferentes y se identifican cuáles son las estrategias comunitarias efectivas en cada caso. El resultado es una visión sistemática de qué estrategias psicosociales funcionan para afrontar cada problema social en los contextos específicos de intervención.

Un adelanto de dichos contenidos se presentó en la celebración de los 50 años del programa de Psicología en la Universidad del Norte (Colombia):


Distancia física, distancia social y prevención

Social distancing by Olivier Cremers (CC BY 2.0)

«I would like to suggest the use of “physical distancing” rather than “social distancing”. As a sociologist I am stunned at the many ways people have overcome social distancing while having to keep a physical distance.» Patrick Kenis, The Economist, April 4, 2020.

Permanecemos socialmente conectados incluso estando separados

Durante la primavera de 2020, se generalizó el uso del término “distancia social” para referirse al mantenimiento de al menos dos metros de distancia con otras personas, con la intención de prevenir la difusión de enfermedades. Sin embargo, la distancia física y la distancia social son diferentes. Dos personas pueden mantener interacción social permanente pese a estar a miles de kilómetros de distancia. Aunque algunas actividades que requieren presencia física se vean afectadas (por ejemplo, colaborar con las tareas del hogar o ayudar en una mudanza), los intercambios de información y de apoyo emocional se pueden mantener en la distancia. Incluso en situaciones de confinamiento, las personas pueden buscar estrategias para mantener el contacto con los vecinos, comunicarse con los familiares que están lejos, o realizar las actividades laborales. Es decir, pueden mantener el contacto social pese a la distancia física.

La cercanía física facilita la formación de relaciones

Sin embargo, que sean diferentes no significa que no estén relacionadas. De hecho, en psicología social está ampliamente contrastado que la proximidad física aumenta las probabilidades de entrar en contacto con otras personas y contribuye a la formación de relaciones. A esta tendencia se le ha denominado el “efecto propincuidad”. Las personas que viven más cerca tienen más posibilidades de establecer un vínculo o incluso de desarrollar una amistad. En los lugares de trabajo también se produce interacción interpersonal frecuente que puede desembocar en la formación de relaciones. La proximidad física igualmente parece asociarse con la probabilidad de tener características similares. En ocasiones la mera exposición continuada se refleja en la atracción interpersonal.

La actividad social nos acerca físicamente

Por otro lado, las oportunidades de proximidad física no se distribuyen aleatoriamente en la población. Existen diferencias individuales junto con una gran variabilidad entre contextos de interacción. Hay individuos que son más activos socialmente o cuya ocupación conlleva un mayor rango de contactos sociales con proximidad física. Por ejemplo, un profesor que tiene clases con 30 estudiantes a diario suele estar por lo general físicamente cerca de un mayor número de personas que un pastor de ovejas que realiza su actividad a campo abierto. También los contextos de interacción determinan en parte la estructura de oportunidades. Como sabemos, un concierto, un espectáculo deportivo o una clase conforman un espacio de cercanía física en el que un conjunto de individuos está expuesto al contacto prolongado.

Cuando la separación física o la distancia social se convierten en herramientas de prevención

Las enfermedades se pueden difundir por contacto físico o por contacto social. En el caso del SIDA, compartir jeringuillas o mantener contactos sexuales sin protección son relaciones sociales de riesgo en la difusión del VIH. Normalmente implican un tipo de relación interpersonal que se puede documentar examinando las redes sociales de los individuos. Sin embargo, en las enfermedades infecciosas causadas por coronavirus es el mero contacto físico el antecedente del contagio. En este segundo caso no es suficiente con analizar las relaciones fuertes que mantiene cada individuo, sino que es necesario trazar las redes de contactos, recopilando información sobre las personas con las que ha tenido proximidad física reciente. (Una vez más: la relación interpersonal suele conllevar con frecuencia proximidad física, pero la cercanía física interpersonal puede darse incluso aunque no haya una relación interpersonal definida).

En la salud y en la enfermedad

Tanto la separación física como la interrupción de relaciones interpersonales pueden utilizarse como estrategias con fines preventivos. El aislamiento de las personas infectadas, y de aquellas otras que han estado expuestas por proximidad física a las anteriores, pretende prevenir la propagación de enfermedades. En los casos más extremos, cuando el contagio está ampliamente extendido, el confinamiento generalizado de la población es una medida drástica para controlar la difusión. Con este tipo de medidas se reducen las oportunidades de proximidad física entre los individuos, o se limitan temporalmente los escenarios en los que participan, ya sea a través del aislamiento hospitalario o de la reclusión en el hogar. También se puede recurrir puntualmente a interrumpir la realización de aquellas actividades que se producen en escenarios con un elevado potencial de proximidad física prolongada (tales como los colegios o los espectáculos deportivos, entre otros).

Social distancing by Tee Cee (CC BY 2.0)


Qué aprende un estudiante de psicología comunitaria

«Cerezas» by Miguel Ángel García (CC BY 2.0)

A lo largo del curso 2019-2020 he ido anotando, después de cada clase teórica de la asignatura “Psicología de la Intervención Social y Comunitaria”, los mensajes principales que reciben los estudiantes. Al final de cada sesión planteábamos un mini-debate para intentar extraer las ideas más importantes. Este es el resultado:

  1. Una de las primeras ideas que aprende un estudiante de psicología comunitaria es que “el contexto importa”. Los problemas sociales y psicológicos no se distribuyen al azar en la población sino que están directamente relacionados con los lugares de residencia, las condiciones de vida y la desigualdad de los ingresos económicos. En consecuencia, la perspectiva ecológica consiste en darle importancia a los contextos comunitarios, tanto en el análisis como en la intervención psicosocial. Esto se traduce en la práctica en la aplicación de estrategias de prevención, centradas en los factores sociales que causan los problemas psicológicos, promoviendo cambios en el contexto que tengan una duración a largo plazo.
  2. Como consecuencia de lo anterior se produce un cambio en el rol de los profesionales de la psicología, que empiezan a prestar más atención a los factores sociales que influyen en el comportamiento individual e incorporan estrategias de intervención centradas en las familias y en la comunidad. Los profesionales de la psicología pueden concebirse como agentes de cambio comunitario. También se asume la necesidad de colaboración interdisciplinar en los contextos aplicados. Los antecedentes directos de este enfoque comunitario son las experiencias efectivas de prevención de nivel poblacional en el ámbito de la salud pública, el movimiento de desinstitucionalización psiquiátrica y reforma del sistema de salud mental, y los modelos de investigación-acción.
  3. Los psicólogos comunitarios le prestan especial atención a los escenarios en los que tiene lugar la interacción social. Incluso pequeños elementos del entorno físico pueden tener un impacto significativo en el comportamiento. En determinados contextos se reproducen, de manera sistemática, patrones de relación predecibles y persistentes, con independencia de los individuos que participen en un momento determinado. Los entornos ambientales pueden evaluarse a través de la percepción del clima social, la identificación de escenarios de conducta y el análisis de redes sociales. Es decir, podemos recurrir respectivamente a la agregación de percepciones individuales, a la covariación del comportamiento con coordenadas espacio-temporales, y al estudio de la estructura de la interacción social.
  4. Los barrios constituyen uno de los entornos más estudiados en la psicología comunitaria. Es un contexto en el que diferentes procesos de nivel meso-social inciden en el comportamiento individual. En primer lugar, los problemas sociales se concentran en los barrios más desfavorecidos, de forma que se puede observar una correlación entre la desventaja social y “el código postal”. En segundo lugar, el hacinamiento, la polución o el ruido, junto a otras condiciones físicas, pueden generar estrés entre la población residente. En tercer lugar, la prevalencia de la violencia y otros comportamientos disruptivos se traduce en la exposición continuada a normas sociales negativas, que pueden reforzarse a través de procesos de aprendizaje social. No obstante lo anterior, también es un contexto que dispone de activos comunitarios y recursos positivos, tales como la participación, el apoyo social, la organización comunitaria y el sentido de comunidad.
  5. El sentido psicológico de comunidad es uno de los conceptos centrales de la disciplina, cuya preocupación surge en parte como reacción a los problemas de cohesión social derivados de la industrialización y la urbanización. Aunque se ha estudiado sobre todo la experiencia subjetiva de pertenencia a un colectivo, otros dos componentes fundamentales son la interdependencia y las redes de interacción. La conexión emocional compartida con individuos a los que no necesariamente conoces personalmente (pero a los que estás conectado a través de redes de relaciones indirectas) tiene efectos decisivos en los mecanismos de control social y en las normas sociales que inciden en el comportamiento individual. Por lo tanto, la realidad psicológica puede darse en un nivel meso-social. En este ámbito se ha comprobado que determinados lugares de los barrios, los líderes comunitarios y las asociaciones de base tienen un papel de mediación en el sentido de pertenencia. Las organizaciones comunitarias son “estructuras mediadoras”, en las que el nivel de participación resulta determinante.
  6. La otra cara de la moneda es la diversidad humana, que está en tensión dialéctica con la cohesión comunitaria. Es recomendable examinar la diversidad en el contexto de las relaciones de poder y tomar en consideración que se trata de una dimensión que no solo afecta a las minorías. Los contextos comunitarios varían en el grado de heterogeneidad de los miembros que los componen, desde entornos rurales altamente cohesivos y homogéneos hasta espacios urbanos “súper-diversos”, en los que la diversidad es la norma. Esto nos lleva a diferenciar entre la “diversidad de contextos” y los “contextos de diversidad” y revela que la identidad depende del contexto de interacción. En el caso de las minorías se ha comprobado que el grupo social de pertenencia resulta relevante después de pasar por las primeras experiencias de discriminación. Pese a que en primera instancia los miembros de las minorías se identifican con la corriente social mayoritaria, con el tiempo desarrollan una identificación con el colectivo minoritario, lo cual funciona como un factor protector ante la discriminación. Por último, tanto el concepto de distancia cultural como el modelo de aculturación permiten examinar la cultura por comparación. Es decir, con un enfoque empírico y pragmático que evita una visión esencialista de la cultura.
  7. La prevención es una estrategia de intervención comunitaria que resulta efectiva en el afrontamiento de problemas sociales. Normalmente consiste en poner en marcha acciones públicas, de nivel poblacional, que pretenden modificar aspectos comportamentales para evitar la aparición, el desarrollo o las consecuencias de un problema social. Basándose en evidencias epidemiológicas, los factores de riesgo se utilizan para definir la población objetivo y los factores protectores para fundamentar el contenido psicológico de los programas. Por lo general se traduce en una reorganización de los servicios existentes, promoviendo la incidencia en las condiciones de vida y los factores del contexto, para alcanzar a los colectivos en mayor riesgo. Los programas centrados en colectivos específicos son normalmente más eficientes que los programas de carácter universal. Los programas que se aplican durante la infancia pueden tener un impacto significativo a lo largo de la vida adulta.
  8. Muchas de las iniciativas de acción comunitaria se canalizan a través del diseño, la implementación y la evaluación de programas. Para desarrollar intervenciones efectivas es recomendable seleccionar prácticas basadas en la evidencia y adaptarlas a cada contexto específico. Eso significa combinar los principios de efectividad y ajuste comunitario. La evaluación de programas sirve para identificar qué acciones resultan efectivas en la práctica. Sin embargo, cuando dichas acciones se implementan, los resultados dependen en parte de la dosis de la intervención, las capacidades organizativas y las competencias de los aplicadores de los programas. La participación comunitaria resulta clave en la preparación para el cambio.

Para citar esta entrada

Esta entrada ha sido publicada previamente en inglés en el blog de la Society for Community Research and Action (SCRA). Para citar esta entrada, utiliza por favor la siguiente referencia:

Para saber más

También puedes consultar un breve comentario sobre los principales conceptos y modelos teóricos de la psicología comunitaria a continuación.

  • Isidro Maya Jariego (Universidad de Sevilla). Ecological Settings and Theory of Community Action. [Web] [pdf] [ESP]

Encuentros “verdes” y sentido de comunidad

Farmers Market by Gemma Billings (CC BY 2.0)

Los encuentros entre productores agrícolas locales promueven el sentido de comunidad

Los movimientos sociales que promueven la sostenibilidad ambiental no solo se caracterizan por defender el medio ambiente sino que también se centran en la comunidad local. Por ejemplo, los mercados en los que se reúnen los productores locales pueden contribuir a la identidad comunitaria local.

Normalmente este tipo de encuentros se conciben para que contribuyan a la economía local y, en segunda instancia, para que tengan un impacto ambiental. Sin embargo, es de interés explorar las consecuencias sociales y comunitarias que se derivan de las oportunidades de interacción que suscitan.

  1. Los mercados locales parecen contribuir a la implicación cívica y al desarrollo de relaciones entre productores y consumidores. Los vecinos gastan el dinero a nivel local, beneficiando a la comunidad. Sin embargo más allá de la mera transacción comercial, facilita la socialización y el desarrollo de relaciones compartidas.
  2. También refuerza la cadena de suministro local, lo cual mejora las oportunidades laborales locales y la confianza en el futuro de la comunidad.
  3. Tiene un componente de festival cultural local, que promueve el sentido de comunidad.

Un estudio de un mercado de productores locales en Liverpool puso de manifiesto el impacto del mismo en el desarrollo comunitario. A través de la observación participante se analizaron tres componentes de la interacción en el mercado local:

  • Participación local. La principal motivación para ir al mercado local consiste en comprar productos locales de calidad. El mercado se organiza una vez al mes y, de acuerdo con los participantes, está conectado con el orgullo y el apego al lugar.
  • Atmósfera social. Se producen encuentros entre personas con intereses comunes (como animales o plantas), e intercambian conocimiento sobre el tema. En algunos casos se producen conversaciones con un valor educativo (sobre los productos locales), así como interacciones entre familiares y vecinos.
  • Sentido de pertenencia. Es frecuente que los participantes se refieran a la conexión emocional compartida con sus vecinos. La satisfacción de necesidades también parece central en el valor comunitario del encuentro local.

Comentario basado en:

  • Zhao, Y., & Wise, N. (2019). Evaluating the intersection between “green events” and sense of community at Liverpool’s Lark Lane Farmers Market. Journal of Community Psychology, 47(5), 1118-1130.

De los límites de la participación local

Es interesante observar que el mercado local no es la forma de aprovisionamiento diario, sino un encuentro que se organiza periódicamente (en este caso, una vez al mes). Eso muestra que los valores de reproducción cultural, junto con el sentido de pertenencia local, confluyen con los intercambios económicos que sostienen el encuentro.

El desarrollo del sentido de comunidad depende de la historia de interacciones que se produzcan y será variable de un mercado local a otro. Por otro lado, es una iniciativa de carácter particularista en el que los beneficiarios más directos son quienes participan en la misma.


Cuando los barrios se convierten en comunidades

The neighbors, by Radek Kucharski (CC BY 2.0)

Los barrios están entre los contextos más estudiados en psicología comunitaria. Sin embargo, no todos los barrios constituyen una comunidad consolidada. Partiendo de este supuesto, en una investigación realizada en Holanda se intentó determinar cuáles son las condiciones que hacen que un barrio se convierta en una comunidad.

De acuerdo con la teoría de Lindenberg se considera que las condiciones para la existencia de una comunidad “son la oportunidad de hacer cosas juntos, la facilidad con que esto puede suceder y la motivación para hacer cosas juntos” (p. 100). En el estudio realizado en Holanda se tuvieron en cuenta:

  1. Las oportunidades de encuentro. La existencia de lugares en los que puede producirse la interacción (parques, colegios, pequeños negocios), así como el tiempo que los vecinos pasan en el barrio puede resultar decisivo del tipo de vínculo social y afectivo que se desarrolla.
  2. La motivación individual para invertir en otros en el grupo. La motivación se relaciona con la disponibilidad de recursos de valor por parte de los vecinos (capital social). También el hecho de ser propietario de una vivienda y tener la expectativa de seguir residiendo en el mismo barrio en el futuro se relaciona con el interés personal en el entorno comunitario.
  3. Las alternativas para desarrollar los objetivos individuales. Cada persona puede disponer de comunidades alternativas en las que obtener los recursos, que compiten entre sí. Por ejemplo, muchas personas pueden pasar más tiempo en el trabajo que en el barrio y derivar un mayor capital social del primero que del segundo.
  4. Las interdependencias. La realización de actividades conjuntas se relacionan con la satisfacción de necesidades. Si en el contexto comunitario ya existen relaciones previas, para el recién llegado resultará más fácil conectarse.

El estudio se basó en una encuesta representativa sobre las relaciones sociales de los holandeses, con información específica sobre 1.007 encuestados en 168 barrios. Esto resulta interesante en un contexto en el que han predominado los estudios de caso. Algunas de las observaciones empíricas más destacadas fueron las siguientes:

  • Los resultados mostraron que los barrios siguen siendo un espacio relevante para el desarrollo de comunidades en Holanda. En general, es un espacio en el que los individuos encuentran seguridad y afecto.
  • De las diferentes condiciones analizadas, la interdependencia entre los vecinos es el factor que más contribuye al desarrollo de una comunidad local, seguido de la intención de permanencia en el barrio. Aquellos que tienen niños se sienten más vinculados con el barrio.
  • Curiosamente, los barrios con más servicios muestran comunidades más fuertes, de modo que la urbanización –posiblemente a través de los pequeños negocios y los “terceros lugares”– parece aumentar las oportunidades de contacto entre los vecinos.
  • También es interesante indicar que hay condiciones, como la intención de permanencia en el barrio, que contribuyen a la creación de comunidad incluso aunque no aumente el número de vecinos que están presentes en las redes personales de los encuestados.

«Ser interdependiente, no tener relaciones alternativas fuera del barrio, ser propietario de la casa en la que se reside, estar casado, vivir en un barrio con escasa movilidad residencial y tener ingresos elevados promueven los comportamientos de solidaridad» (p. 110)

Este comentario está parcialmente basado en el artículo:

De los contextos de interacción a la dependencia mutua

My neighborhood,
by Chris Dlugosz (CC BY 2.0)

Las personas que residen cerca suelen compartir una serie de características sociales, por lo que los barrios han sido tradicionalmente núcleos de población relativamente homogénea. Para analizar las comunidades se ha recurrido al número, la calidad de las relaciones y los sentimientos compartidos. En este contexto, una gran parte de la investigación se ha centrado en documentar el declive de las comunidades locales. Por eso resulta novedoso centrarse en las condiciones que permiten que surja una comunidad.

En el artículo de Völker et al. (2006) se concibe la comunidad como un contexto “en el que los individuos obtienen importantes beneficios personales para su bienestar haciendo cosas junto con otros” (p.100). Como en la propuesta original de Seymour Sarason (1974), tanto la interacción como la interdependencia forman parte de la definición de comunidad, y se relaciona directamente con el bienestar individual y colectivo. Sin embargo, en el enfoque de la psicología comunitaria también se suele tomar en consideración la conexión emocional compartida. Es uno de los componentes fundamentales del sentido psicológico de comunidad.

De los planteamientos anteriores se derivan algunas conclusiones de interés.

  • La comunidad “no es necesariamente una entidad local” (p. 101). Los contextos físicos ofrecen oportunidades (variables) para la interacción, pero también pueden darse comunidades relacionales que no dependen necesariamente de la proximidad física.
  • Tener relaciones con vecinos es un prerrequisito de la existencia de la comunidad, pero no se puede reducir la comunidad a la existencia de relaciones. Por ejemplo, preguntar por el número de vecinos que un individuo conoce no necesariamente es el mejor indicador de comunidad. A veces, basta con tener un pequeño número de relaciones significativas en el vecindario, para que uno se sienta conectado con el barrio.
  • Cuando los vecinos tienen estilos de vida similares entre sí, parece más fácil la creación de una comunidad.
  • Las oportunidades de encuentro e interacción hacen posible el intercambio de recursos y la satisfacción de necesidades. A su vez, en ese contexto surgen la dependencia mutua y la conexión emocional compartida.
  • La comunidad no se puede reducir a su componente relacional ni a su componente subjetivo. Ambos están presentes en la experiencia de vida comunitaria.

Para saber más

En psicología comunitaria, el concepto fue introducido por Seymour Sarason:

  • Sarason, S.B. (1974). The psychological sense of community: Prospects for a community psychology. San Francisco: Jossey-Bass.

Tienes una revisión de la literatura en español en:

También algunos recursos de interés en la siguiente página:

  • Sense of Community [Web]

 

 


Cómo hacer comunidad

Riega las macetas y sonríe…

Tener una conversación informal sin importancia con tus vecinos puede ser bueno para la salud de la comunidad. Algunos estudios recientes muestran que compartir experiencias positivas mejora el estado de ánimo y se relaciona con la capacidad de resiliencia individual. Por eso las fiestas de barrio o las actividades comunitarias ofrecen oportunidades para el encuentro que pueden tener resultados positivos.

Pequeñas acciones contribuyen a construir sentido de comunidad. La cultura popular ha representado este conocimiento en posters y azulejos que enumeran formas en las que se puede ayudar a construir vida de barrio. Por ejemplo, la imagen que acompaña esta entrada menciona entre otros los siguientes:

  • Apaga la tele.
  • Sal de casa.
  • Levanta la cabeza cuando vas andando.
  • Saluda a los vecinos.
  • Compra a los comerciantes locales.
  • Pide ayuda cuando lo necesites.
  • Recoge la basura del suelo.
  • Organiza una fiesta con los vecinos de tu bloque de pisos.
  • Ayuda a transportar objetos pesados en la escalera.
  • Cuida el jardín compartido.
  • Utiliza la biblioteca de tu localidad.
  • Arréglalo aunque no lo hayas roto tú.
  • Lleva a los niños al parque.
  • Apoya a las escuelas del barrio.
  • (…)

Parecen de sentido de común… Esto no significa que no haya acciones que corresponden al Estado o al ayuntamiento y que son determinantes de la calidad de vida en los barrios. Pero estas pequeñas acciones tienen la ventaja de que en gran medida dependen de ti. Completa en los comentarios de más abajo otras formas que crees que pueden contribuir al fortalecimiento de los barrios.


Factores comunitarios en la resiliencia personal

At the pub, by Giuseppe Milo (CC BY 2.0)

Superando la adversidad

La resiliencia hace referencia a la capacidad de adaptación ante circunstancias adversas. La investigación sobre prevención ha tenido un sesgo hacia los factores de riesgo, pese a que existen evidencias de recursos con valor protector que contribuyen a sobreponerse a las dificultades. También sabemos que resulta fundamental el tipo de interacción del individuo con su entorno ecológico.

En este contexto, la mayor parte de los instrumentos para evaluar la resiliencia se han centrado en las características individuales, sin prestar mucha atención a la calidad de los recursos relacionales. Además, se han enfocado en población infantil, por lo que apenas se han evaluado los factores ecológicos que promueven la adaptación posterior a las experiencias de riesgo entre los adultos.

En un estudio con víctimas de abuso infantil en Irlanda se diseñó una herramienta que tuvo en cuenta las características de los entornos ecológicos con población adulta. Se trataba de un grupo que cuando eran niños (entre los años 1930 y 1970 en Irlanda) habían asistido a escuelas religiosas que se gestionaban de manera autoritaria, implantaban una disciplina muy severa, recurrían al maltrato físico y a la separación de sus familias, y en algunos casos fueron víctimas de abuso sexual. Este tipo de condiciones suele traducirse en problemas de ansiedad, estrés y afecciones psicológicas en el 80 por ciento de los casos.

Sin embargo, siempre hay un porcentaje que se sobrepone a dichas circunstancias. Centrándose en dicho perfil, en este caso se encontraron como factores protectores significativos los siguientes:

  • La cohesión comunitaria,
  • el apoyo familiar,
  • una identidad positiva (niveles elevados de identidad nacional y afiliación colectiva), y
  • las competencias personales.

Los aspectos comunitarios, familiares y de identidad colectiva resultaron muy relevantes en la determinación de la capacidad de resiliencia. Por el contrario, se observaba cierta desvinculación de prácticas espirituales o religiosas.

El concepto de resiliencia ha servido para orientar la intervención hacia recursos positivos, que aumentan las oportunidades de adaptación individual. Es el caso, por ejemplo de la calidad del barrio, la calidad de las escuelas o el sistema de prestación de servicios educativos y de salud. También la calidad de los entornos relacionales, tales como tener relaciones positivas con adultos que actúan de modelos positivos de comportamiento, o tener relaciones pro-sociales con los compañeros.

Para saber más

Este comentario está basado en:


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