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Introducción a la psicología comunitaria

#ISyC

Un libro de acceso abierto para iniciarse en la psicología comunitaria

El doctor Leonard Jason, profesor de la DePaul University en Chicago, ha liderado a un grupo de académicos y expertos en intervención psicosocial para editar un manual de psicología comunitaria de acceso abierto.

El libro es un texto introductorio, escrito en un lenguaje accesible, que pretende mejorar la visibilidad de la psicología comunitaria tanto en el ámbito académico como en el ámbito profesional. Pretende facilitar un primer acercamiento, no excesivamente técnico, a los modelos y estrategias de intervención comunitaria; con cierto énfasis en las acciones de movilización comunitaria y cambio social. Se trata de un libro de texto de acceso abierto, disponibles en la plataforma electrónica Rebus, dirigido a “la nueva generación de psicólogos comunitarios”. En la presentación del mismo se indica:

“Este libro le mostrará cómo analizar, investigar y abordar de manera integral los problemas de la desigualdad económica, la violencia, el abuso de sustancias, la falta de vivienda, la pobreza y el racismo. El libro aporta herramientas para asociarse con miembros de la comunidad y con las organizaciones comunitarias para promover una asignación equitativa de recursos y oportunidades.”

En la publicación han contribuido más de 40 co-autores, con una cobertura internacional, y estará conectado a la formación de nuevos profesionales a través de la Sociedad para la Investigación y la Acción Comunitarias, de la American Psychological Association. Cada capítulo incluye ejercicios prácticos, casos de intervención, videos y cuestionarios, junto con oportunidades para la reflexión sobre la acción comunitaria.

Referencia y acceso a los contenidos

  • Leonard A. Jason, Olya Glantsman, Jack O’Brien, and Kaitlyn Ramian (Eds). Introduction to Community Psychology. Becoming an Agent of Change. Rebus: Montreal, Quebec, Canada. [Acceso abierto]

El libro incluye un capítulo elaborado por miembros del Laboratorio de Redes Personales y Comunidades, en el que se presenta el concepto de Intervención Comunitaria. Para ello, a través de casos de intervención concretos, se presentan los conceptos de efectividad, implementación e investigación-acción.

  • Maya-Jariego, I. & Holgado, D. (2019). Community Interventions. In Leonard A. Jason, Olya Glantsman, Jack O’Brien, and Kaitlyn Ramian (Eds). Introduction to Community Psychology. Becoming an Agent of Change. Rebus: Montreal, Quebec, Canada. [Acceso abierto]

Resumen del 12º Congreso Andaluz del Voluntariado

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Diciembre comienza conmemorando el día 1 el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, continúa el día 3 con el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, le sigue el Día Internacional del Voluntariado (día 5) y el 10 el de los Derechos Humanos.  Multitud de eventos se suceden, por tanto, en estas fechas, para sensibilizar, divulgar y concienciar sobre todas estas causas que son de interés común y que nos hacen progresar hacia una sociedad inspirada en valores democráticos y compromiso social.

Desde el LRPC, tuvimos ocasión de participar en el 12º Congreso Andaluz del Voluntariado, celebrado recientemente en la Universidad de Almería.  Concretamente, en la elaboración de las conclusiones sobre las ideas compartidas en sus áreas de trabajo.  Se trataron temas como el aprendizaje-servicio, la medición de competencias en el voluntariado y nuevas formas de participación. Resumimos a continuación las ideas más importantes:

Voluntariado y Aprendizaje-Servicio

Los programas de Aprendizaje-Servicio integran en el itinerario educativo formal actividades en contacto con la vida sociocomunitaria. En e-voluntas hemos hablado en alguna ocasión de esta metodología.  Pueden abarcar desde las primeras etapas educativas hasta las más tardías. Los centros educativos asumen, por tanto, un papel activo en dinamizar la vida social de la zona, diversificando las experiencias de aprendizaje basado en valores. Se fomenta, por tanto, una cultura de participación a lo largo del ciclo vital y que, sin llegar por qué desembocar en el voluntariado, lo define como uno de sus antecedentes más atractivos.  Resumimos las ideas-fuerza:

  • La experiencia debe ser significativa en lo social y relevante en lo formativo.
  • Es vital la implicación del centro educativo, el liderazgo de un profesorado comprometido con metodologías innovadoras, el apoyo de la dirección. El papel de las familias como facilitadoras de las actividades. Y, fundamentalmente, un conjunto de estudiantes con compromiso por involucrarse en su realidad.
  • En los primeros pasos, puede requerir de asistencia técnica, bien el profesorado, bien por alianzas con otras experiencias similares. El papel de las instituciones para asesorar a los centros más motivados es importante.
  • Como resultado, se define a los centros educativos como recursos para la comunidad, donde se refuerza un aprendizaje basado en valores y en competencias para diferentes ámbitos: laboral, ciudadanía, emocional, etc.

Algunas de las experiencias que se presentaron fueron las siguientes:

Reconocimiento de competencias

La experiencia de voluntariado puede dar a conocer competencias no siempre adquiridas en el sistema educativo formal, más centrado en la adquisición de conocimientos. Las iniciativas presentadas fueron las siguientes:

El enfoque centrado en competencias ofrece interesantes posibilidades para la gestión de los recursos de voluntariado. Por ejemplo, a la hora de diseñar la formación, los procesos de supervisión de la actividad voluntaria. También el reconocimiento formal de su actividad.

En este sentido, también se recomienda una lectura del Proyecto E-VOC. Iniciativa europea formación en línea sobre la validación de las
competencias en el sector voluntario europeo.

Nuevos voluntariados

Este espacio de trabajo agrupó a diferentes experiencias bajo el denominador común de contribuir al debate de la constante evolución que caracteriza al movimiento de voluntariado. Se presentaron experiencias a través de las cuales el voluntariado contribuye de algún modo a la mejora de las condiciones de vida de la población participante, al tiempo de ofrecer alternativas de convivencia basada en valores como la participación, la  diversidad y la igualdad de oportunidades. Las experiencias presentadas fueron las siguientes:

  • II Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía: Una de cuyas líneas estratégicas está dedicada a la promoción de la participación ciudadana y el voluntariado en la juventud. 
  • Asociación Andaluza de Epilepsia: Ápice. Que presentó su programa de voluntariado inclusivo a través del cual se dinamiza en torno a la participación un conjunto de colaboraciones que trascienden la mera prestación asistencial de un servicio.
  • Asociación Ura-clan. Este club de rugby inclusivo propone el deporte como estrategia de integración social. Han logrado la consolidación de una comunidad basada en la diversidad a través del deporte, sus valores y su filosofía.
  • Asociación Rumbo Solidario. Fundación Vicente Ferrer. Asociación cordobesa cuya propuesta solidaria consiste en la promoción de actividades deportivas con fines solidarios.
  • Confederación de Mayores Activos – Confemac. Entidad que presenta su plataforma de formación online en la que se ha diseñado una experiencia de formación online para el voluntariado.
  • Asociación Madre Coraje. El voluntariado con el que cuentan es muy diverso, en sí misma esta entidad es un ejemplo de convivencia intergeneracional en la promoción de valores solidarios y de transformación social.
  • Asociación Amigos de Mayores en la Red (Mayor-Net). Combinan actividades de alfabetización digital con la configuración de espacios sociales, sensibilización, concienciación y difusión a través de las TIC de iniciativas solidarias, de las que su blog es un buen ejemplo.

Conclusiones

El voluntariado mantiene intactas su versatilidad para ofrecer respuestas a las necesidades de la población. La diversidad en su composición interna, la heterogeneidad de enfoques y su capacidad de adaptación a entornos cambiantes los configuran como una de las expresiones solidarias más complejas. En este congreso se ha puesto de relieve la definición de espacios comunitarios alternativos en los que la población tradicionalmente considerada receptora pasiva de servicios pasa a un papel activo en la reivindicación de un mayor protagonismo en la vida pública.

El ejercicio del voluntariado tiene efectos positivos a diferentes niveles. Para las personas, grupos y contextos receptores de la ayuda las consecuencias son lógicas. Pero también para las personas voluntarias. Se han constatado los beneficios psicológicos del ejercicio del voluntariado, que oscilan desde los sentimientos de utilidad, bienestar o salud, entro otros. Cabe citar que el ejercicio de la solidaridad en edades tempranas tiene consecuencias también positivas en la vida adulta. Los programas de aprendizaje-servicios serían una manifestación de  esta idea. Este hecho nos invita a diseñar políticas públicas desde una perspectiva de ciclo vital, de manera que se cualquier persona tenga la oportunidad de contribuir solidariamente a la mejora de su entorno. Supone un reto de madurez para el tejido asociativo andaluz y para sus políticas públicas.

Durante las áreas de trabajo se ha enfatizado la definición del voluntariado como una experiencia significativa en la vida de las personas. En este proceso de identificación de la persona con su actividad voluntaria tiene un peso importante los elementos organizativos. La gestión estratégica que las entidades de voluntariado realicen sobre los programas, sus recursos y el voluntariado puede predecir el mantenimiento de la actividad de  voluntariado en el tiempo. En este sentido, cabe citar las actividades de reconocimiento y acreditación de las competencias adquiridas durante el voluntariado. Es un debate que ha pasado al primer plano de la actualidad del voluntariado con la aprobación de la ley. 

En suma, la aprobación de la ley 4/2018, de 8 de mayo, Andaluza del Voluntariado ha supuesto un avance en la consolidación del fenómeno del voluntariado como una de las expresiones solidarias más visibles de nuestro tiempo. Algunas de sus consideraciones son las siguientes:

a) Se han definido los campos de intervención de una manera más moderna,
b) Se han reconocido derechos y deberes también a las personas destinatarias de la ayuda
c) Se han incorporado con roles más definidos a empresas y universidades como actores sociales relevantes en la promoción del voluntariado.
d) Se ha definido el programa de voluntariado como el eje estratégico de la colaboración entre las personas, entidades y los contextos de intervención.
e) Se ha facilitado la posibilidad de participación de adolescentes y jóvenes en las entidades de voluntariado
f) Se han integrado procesos comunitarios de participación como precursoras del voluntariado, como el caso de las experiencias de aprendizaje-servicio
g) Se han sentado las bases para la dinamización de la gestión asociativa a partir de un enfoque centrado en competencias.

Naturalmente, estos avances implican un reto para instituciones, entidades, protagonistas del voluntariado, empresas y universidades, de las que este congreso ha sido un espacio de debate conjunto para establecer prioridades y responsabilidades compartidas. El voluntariado, por tanto, sigue manteniendo vigente su vocación de progreso democrático en los territorios que, como Andalucía, tiene una presencia cada vez más visible.


Experiencias de participación de un psicólogo comunitario

Melissa Mongiat (CC BY-NC-SA 2.0)

Algunas lecciones aprendidas sobre voluntariado, implicación cívica, competencias personales y cohesión local

Durante el último año he participado como voluntario en la sección “pregunte a un asesor” de la Caja de Herramientas Comunitarias. Uno de los temas recurrentes en las preguntas de los usuarios es cómo aumentar la participación de la comunidad. La participación es un valor central de la psicología comunitaria (Chavis & Wandersman, 1990; Dalton, Elias & Wandersman, 2001; Rappaport, 1987; Zimmerman, 2000). Las asociaciones y las organizaciones de base ofrecen oportunidades para desarrollar relaciones, ejercer el compromiso personal con determinadas causas sociales y desplegar diferentes formas de acción colectiva (Christens & Speer, 2011; Florin & Wandersman, 1990; Wandersman & Florin, 2000).

Es habitual que cualquier psicólogo comunitario acumule experiencias de participación a lo largo de su vida personal y profesional. El empoderamiento y la implicación de la comunidad aparecen de manera transversal en todo tipo de iniciativas de cambio social. En mi caso, desde que un grupo de amigos creamos una asociación cultural juvenil, he estado vinculado a diferentes organizaciones comunitarias y asociaciones profesionales. Desde entonces, he estado involucrado en un periódico local, en la financiación de causas comunitarias y en la contribución a una asociación ambiental, por mencionar algunos.

La mayoría de estas experiencias no las he tenido en calidad de psicólogo comunitario. Sin embargo, han resultado fundamentales en mi comprensión de los procesos de organización comunitaria y de las prácticas que promueven la cohesión social. A continuación, desarrollo una breve reflexión personal sobre dichas experiencias. Me detendré en mostrar cómo la participación guarda una relación directa con el desarrollo de competencias personales y mejora la integración comunitaria. Además, veremos varios ejemplos que ilustran cómo la participación efectiva se basa en la persistencia, el desarrollo progresivo de relaciones y la administración de incentivos con los que mantener la implicación a lo largo del tiempo.

La participación como aprendizaje

La primera experiencia de voluntariado en la que recuerdo haber participado consistió en clasificar medicinas que se enviaban a países africanos. Yo tendría unos seis o siete años. Mi madre me llevaba a una asociación de cristianos de base que recogía alimentos y medicinas para remitirlos a iniciativas de cooperación al desarrollo sobre el terreno. La tarea era tan sencilla que podía hacerla un niño. Primero mirábamos la fecha de caducidad para garantizar que la medicación no estaba en mal estado y que todavía tenía unos meses por delante para poder ser utilizada con garantías. Luego separábamos los antibióticos del resto y los organizábamos según una lista de prioridades. Con el tiempo se introdujeron regulaciones en la distribución de medicamentos, con criterios de salud pública y control farmacéutico, que impidieron que esa actividad siguieran haciéndola este tipo de asociaciones. Yo era tan pequeño que clasificar cajas de pastillas y jarabes no dejaba de ser un juego al que dedicaba dos tardes por semana. Sin embargo, aquellas experiencias iniciales de colaboración desinteresada (para atender las necesidades sociales de otras personas a las que yo no conocía), fueron posiblemente, sin saberlo, un antecedente necesario de la participación cívica posterior. Los psicólogos comunitarios sabemos que la participación temprana en acciones de voluntariado predice la implicación comunitaria durante la vida adulta (Guillaume, Jagers & Rivas-Drake, 2015; Lawford & Ramey, 2017).

Años más tarde he coordinado proyectos de cooperación internacional en Colombia y Perú. “Edúcame Primero” es una iniciativa para la prevención del trabajo infantil que normalmente se aplica en colegios, y que consiste en desarrollar acciones psicoeducativas con niños en situación de riesgo psicosocial, junto con sus familias (Maya Jariego & Holgado, 2014; Maya Jariego, 2017). Con la ayuda de becas de formación solidaria de la Universidad de Sevilla, pequeños grupos de estudiantes participaron durante algunos años en la implementación del programa. El voluntariado internacional les proporcionaba una experiencia intercultural y les permitía conocer de primera mano las condiciones de exclusión en los barrios periféricos de las grandes ciudades latinoamericanas. Cuando finalizó el programa en Lima (Perú), visitamos a cada uno de los colegios participantes en el programa para hacerles entrega de un lote de libros de lecturas infantiles, con cuentos y clásicos de la literatura en español. Repartir los libros directamente a los niños para que los colocaran en los anaqueles de la biblioteca del colegio es uno de los momentos más emocionantes que me ha proporcionado la intervención comunitaria. En mi caso me inicié en la lectura cuando era adolescente con una colección de bolsillo con libros de Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y otros clásicos del boom literario hispanoamericano. Repartir libros en algunos colegios de Latinoamérica, es decir llevar literatura de vuelta al otro lado del Atlántico, significaba devolver parte de lo que había recibido. Por eso lo viví como un gesto de gran justicia poética.

Terceros lugares en la comunidad local

Pese a estas incursiones en la cooperación internacional, las iniciativas a las que les he dedicado más tiempo se han desarrollado en el ámbito local. He de decir que esto ha ocurrido con especial intensidad en dos etapas diferentes. A principios de los 1990 fundamos un periódico en Alcalá de Guadaíra, una ciudad de tamaño medio en el entorno metropolitano de Sevilla. “La Voz de Alcalá” surgió como un medio independiente de base comunitaria, en un contexto en el que aparecían los primeros casos importantes de corrupción política en España y considerábamos necesario darle voz a los colectivos con menos poder en la comunidad local. El periódico articuló su línea editorial en torno al valor de la participación ciudadana. Creamos una sección, denominada “Tribuna abierta”, en la que cuatro invitados debatían cada semana sobre un tema de interés local. La combinación de la participación abierta con una amplia representación de la diversidad de puntos de vista contribuyó de manera efectiva al debate público y a generar una visión compartida sobre los problemas locales.

Con una filosofía muy parecida surgió también el “Foro Oromana”, una asociación cultural en cuya creación participé una década más tarde. En este caso la actividad principal consistía en organizar conferencias y debates sobre el modelo de ciudad. El contenido de los encuentros oscilaba desde las sesiones de planeamiento urbano estratégico a las mesas redondas con los candidatos a la alcaldía. El foro ciudadano se definió desde su inicio como “un lugar de encuentro entre alcalareños”. Concebíamos la asociación como un “tercer lugar” (Oldenburg, 1989) en el que los vecinos pudieran reunirse informalmente y mantener una conversación. Este tipo de espacios públicos contribuyen a una vida comunitaria activa, facilitan la conexión entre ciudadanos de diferente ideología o condición, y promueven el sentido de comunidad. En los dos casos –el periódico y el foro-, nos basamos durante un largo periodo meramente en la participación voluntaria. Con el tiempo se institucionalizaron y mejoraron su funcionamiento. Sin embargo, aquellos inicios participativos contribuyeron a formar un núcleo de participantes comprometidos que posiblemente influyeron, junto con otros factores, en que dos o tres décadas después ambas asociaciones aún sigan en activo.

Como puede comprobarse en cualquier escenario local, los estudios comunitarios han puesto de manifiesto que la vida asociativa es un ámbito fundamental de socialización y de transformación personal. Permite desplegar los valores y la conciencia crítica en el plano individual, y es un catalizador del sentido de eficacia colectiva (Chavis & Wandersman, 1990; Florin & Wandersman, 1990).

La transparencia de la participación en comunidades virtuales

También he tenido la oportunidad de implicarme activamente en varias comunidades virtuales, y en momentos puntuales he ejercido de voluntario en línea. Aunque no hay nada “virtual” en la participación online (Cravens & Ellis, 2014), me gusta utilizar, por su valor evocativo, el término que popularizó Howard Rheingold (1993). Durante muchos años he sido administrador de “E-Voluntas”, una lista de correo electrónico en la que participan voluntarios, gestores de voluntariado e investigadores. Empezó a funcionar en 2002, con la intención de “crear un canal iberoamericano sobre voluntariado, sociedad civil e intervención comunitaria”. Los contenidos giraban fundamentalmente en torno al intercambio de experiencias en la región y la sistematización de la práctica del voluntariado. Durante el primer año de funcionamiento, hicimos una traducción participativa de “la guía de voluntariado virtual” (Ellis & Cravens, 2000). Para todos los participantes fue nuestra primera experiencia de voluntariado en línea. Nos permitió explorar el potencial de las tecnologías de la información para la colaboración en red y la movilización ciudadana. Con aquella experiencia pionera no sólo comprobamos que se podía hacer voluntariado a distancia de manera efectiva, sino que también nos reveló el potencial de los espacios virtuales para la acción comunitaria.

Antes de que Twitter, Facebook y WhatsApp transformaran el ecosistema de la comunicación online, algunas listas de correo adquirieron un papel destacado entre las comunidades mediadas por ordenador más activas (Rheingold, 1993, 2000). Los foros virtuales proporcionan un medio transparente, que facilita la observación, la monitorización y el registro del grueso de la interacción que tiene lugar entre sus miembros. Esto hace de ellos, en mi opinión, un buen contexto en el que aprender estrategias de dinamización de grupos y “gestión comunitaria”. Cuando administras una lista de correo caes en la cuenta de que es importante recibir al menos un mensaje por semana, para mantener la atención continuada de los suscriptores. También se hace necesario responder a cualquier contribución, por incipiente que sea, y reforzar los pequeños logros. La participación es un proceso de medio y largo plazo, que requiere persistir en los objetivos. El administrador ejerce un liderazgo que establece el tono inicial en la lista de correo y contribuye decisivamente a la cultura del grupo. Poco a poco se va generando un núcleo de participantes activos que proporciona a los foros efectivos una estructura centro-periferia. El foro alcanza su madurez cuando los miembros de la periferia pasan a reforzar el núcleo activo, de forma que se mantiene la dinámica global incluso cuando alguno de los miembros centrales adopta un rol más pasivo. La acción participativa se caracteriza por su sostenibilidad. Con la interacción prolongada en el tiempo, la historia compartida y el desarrollo del sentido de comunidad, se va generando un sistema de intercambio de apoyo generalizado, basado en la reciprocidad, del que se benefician tanto los participantes como los observadores pasivos. Se convierte, entonces, en un recurso de valor público.

Cómo aumentar la participación

Promover la participación comunitaria es, en definitiva, una tarea muy compleja. Cuando los usuarios de la Caja de Herramientas me preguntan por este tema, evito las respuestas de carácter eminentemente teórico e intento trasladar algunas de las lecciones aprendidas en mi propia experiencia de participación. Las he resumido en la Tabla 1.

Mi recomendación suele consistir en prestar atención a las competencias de los participantes, los escenarios de interacción y la formación de un grupo cohesivo con sentido de pertenencia. Tanto los líderes como las organizaciones tienen un papel fundamental en la participación comunitaria efectiva. Además, los espacios que son capaces de congregar a individuos y colectivos diversos cuentan con un valioso potencial para la construcción comunitaria. Finalmente, se trata de un proceso que se va construyendo progresivamente, a través de una historia compartida por los participantes, y que requiere de una red mínimamente estructurada en la que emerge el sentido psicológico de comunidad (Maya-Jariego, 2004).

Como la participación tiene un valor transversal en la acción comunitaria, las lecciones pueden trasladarse posiblemente a cualquier ámbito, con independencia del problema social o de la población con la que se trabaje. No importa cuál sea el contexto, la participación es un camino largo que se sostiene en la tenacidad, el desarrollo de relaciones personales y la construcción de escenarios compartidos.

REFERENCIAS

Chavis, D. M., & Wandersman, A. (1990). Sense of community in the urban environment: A catalyst for participation and community development. American Journal of Community Psychology, 18(1), 55-81.

Christens, B. D., & Speer, P. W. (2011). Contextual influences on participation in community organizing: A multilevel longitudinal study. American Journal of Community Psychology, 47(3-4), 253-263.

Cravens, J., & Ellis, S. J. (2014). The Last Virtual Volunteering Guidebook: Fully Integrating Online Service into Volunteer Involvement. Philadelphia, PA: Energize.

Dalton, J. H., Elias, M. J., & Wandersman, A. (2001). Community psychology: Linking individuals and communities. Wadsworth/Thomson Learning.

Ellis, S. J., & Cravens, J. (2000). The Virtual Volunteering Guidebook: How to Apply the Principles of Real-World Volunteer Management to Online Service. Impact Online.

Florin, P., & Wandersman, A. (1990). An introduction to citizen participation, voluntary organizations, and community development: Insights for empowerment through research. American Journal of Community Psychology, 18(1), 41-54.

Guillaume, C., Jagers, R., & Rivas-Drake, D. (2015). Middle school as a developmental niche for civic engagement. American Journal of Community Psychology, 56 (3), 321-331

Lawford, H. L., & Ramey, H. L. (2017). Predictors of Early Community Involvement: Advancing the Self and Caring for Others. American Journal of Community Psychology, 59(1-2), 133-143.

Maya-Jariego, I. (2004). Sentido de comunidad y potenciación comunitaria. Apuntes de Psicología, 22(2), 187-211.

Maya-Jariego, I. (2017), “But We Want to Work”: The Movement of Child Workers in Peru and the Actions for Reducing Child Labor. American Journal of Community Psychology, 60: 430–438. doi:10.1002/ajcp.12180

Maya-Jariego, I. & Holgado, D. (2014). From Barranquilla to Lima in Reducing Child Labor: Lessons in Community Action. Global Journal of Community Psychology Practice, 5 (2), 1-6.

Oldenburg, R. (1989). The great good place: Café, coffee shops, community centers, beauty parlors, general stores, bars, hangouts, and how they get you through the day. Paragon House Publishers.

Rappaport, J. (1987). Terms of empowerment/exemplars of prevention: Toward a theory for community psychology. American Journal of Community Psychology, 15(2), 121-148.

Rheingold, H. (1993). The virtual community: Finding connection in a computerized world. Reading, MA: Addison-Wesley Longman Publishing.

Rheingold, H. (2000). The virtual community: Homesteading on the electronic frontier. Cambridge, MA: MIT press.

Wandersman, A., & Florin, P. (2000). Citizen participation and community organizations. In Handbook of Community Psychology (pp. 247-272). Springer US.

Zimmerman, M. A. (2000). Empowerment theory. In Handbook of community psychology (pp. 43-63). Springer US.

Para citar este artículo

Este artículo ha sido publicado en la sección “From Our Members” de The Community Psychologist. Por favor, utilice la siguiente referencia:

  • Maya-Jariego, I. (2018). Participation experiences of a community psychologist: Lessons learned about volunteering, civic involvement, personal competencies and local cohesion. The Community Psychologist, 51(2), 26-29.

Descarga el artículo original en el siguiente enlace: [pdf]

 


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