Archivo de la categoría: Recursos protectores

Aprendizaje socioemocional e intervención psicoeducativa

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Keep playin’ kids. Cedric Lange/Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

El desarrollo socioemocional en el niño se basa en la adquisición de los conocimientos, las habilidades y las competencias necesarias para entender y manejar emociones, desarrollar relaciones positivas y empáticas con los demás y conseguir objetivos personales y grupales. El aprendizaje de competencias socioemocionales ha demostrado ser fundamental para el desarrollo integral del niño, incluyendo el rendimiento y el éxito en contextos escolares y laborales. De hecho, la intervención en las competencias sociales y emocionales de los niños ha sido una de las áreas de mayor expansión en contextos educativos, asistenciales y clínicos en los últimos años. Por ejemplo, programas como Incredible Years o Positive Action han mostrado su efectividad en la atención a problemas conductuales, desempeño académico o relaciones paterno-filiales en niños de educación básica y primaria.

Los programas de aprendizaje socioemocional se estructuran en torno a cinco competencias básicas: autoconciencia, autogestión emocional, conciencia social, habilidades sociales y toma responsable de decisiones. A corto plazo, estos programas favorecen el incremento del control emocional, las habilidades sociales, la mejora de las actitudes hacia la escuela, hacia sí mismo y hacia los demás y la creación de entornos de aprendizaje y desarrollo adecuados en la escuela y en la familia. Estos resultados pueden llevar en primer lugar a una reducción de problemas de conducta, menor número de incidencias relacionadas con conflictos en la escuela y una mejora de las relaciones familia-escuela. Por otro lado, influyen en el rendimiento académico del niño y se han mostrado como factores protectores frente a la delincuencia y el consumo de sustancias en la adolescencia y en la adultez.

Finalmente, este tipo de programas muestran cómo la conducta social y emocional positiva en los niños se basa en la adquisición de una serie de habilidades y competencias específicas, que pueden ser aprendidas y reforzadas mediante (a) cambios significativos en el clima familiar y escolar, (b) la implicación de agentes relacionados con el desarrollo del niño y (c) la intervención en etapas tempranas y periodos críticos del desarrollo del menor.

¿Por qué son efectivos los programas de aprendizaje socioemocional en la escuela?

Algunos aspectos que influyen en la efectividad de estos programas son los siguientes:

  • Base conductual. Parten del entrenamiento de competencias conductuales, a partir de estrategias de aprendizaje social, basadas en el modelado, el ensayo y la generalización de las competencias aprendidas. Las sesiones de los programas se suelen desarrollar en grupo, de modo que favorezcan el reforzamiento de las conductas y la interacción social.
  • Intervención focalizada y dirigida al problema. La mayoría de los programas de aprendizaje socioemocional efectivos se centran en el entrenamiento de unas pocas competencias o en la intervención en un problema concreto. Las intervenciones que tienen múltiples componentes y que abordan múltiples problemas pueden dispersar sus recursos y exceder las capacidades de implicación de niños, padres y docentes.
  • Intervención en el contexto escolar, familiar y comunitario. Los programas de aprendizaje socioemocional se implementan preferentemente en el contexto escolar. Se basan en la combinación de acciones transversales y complementarias al currículum académico formal. Además, proporcionas herramientas y estrategias de intervención coordinadas en el contexto escolar y comunitario. De este modo, basan parte de su efectividad en la interacción y la sinergia de diferentes escenarios y sistemas de desarrollo del niño.
  • Base teórica del cambio. Parten de modelos teóricos contrastados y con base empírica sobre el desarrollo infantil, las dinámicas familiares y el papel de los procesos socioemocionales en el rendimiento académico, las relaciones personales y el desarrollo adulto.
  • Periodo crítico de intervención. Se basan en la intervención temprana, la sincronización con periodos clave del desarrollo y la prevención primaria de problemas conductuales y emocionales. Los resultados muestran que la intervención es más efectiva en la primera infancia, cuando aun no se han instaurado comportamientos agresivos o delictivos que se encuentran integrados en diferentes sistemas de refuerzo y que se han generalizado a diferentes contextos.
  • Programas basados en la evidencia. En algunos casos, se trata de programas que han mostrado su efectividad en ensayos experimentales, en diferentes contextos y con diferentes poblaciones. Algunos repositorios como CASEL o Blueprints recogen algunos de estos programas en función de criterios de evaluación de resultados y calidad de la intervención.

Los Espacios para Crecer como estrategia de entrenamiento socioemocional en la prevención del trabajo infantil

Los Espacios para Crecer son talleres psicoeducativos que forman parte de las estrategias de intervención en prevención y erradicación del trabajo infantil del programa Edúcame Primero. Son sesiones grupales con niños trabajadores o en riesgo de trabajar, en los que se trabajan contenidos relacionados con el desarrollo personal, como las habilidades sociales, la autoestima o las relaciones positivas con los iguales, la familia y la comunidad. A su vez, incluyen componentes académicos y recreativos y plantean acciones con el centro educativo y el contexto familiar y comunitario.

El programa parte de la premisa de que el trabajo infantil puede tener una repercusión negativa en el desarrollo social y emocional del menor, además del rendimiento académico y la experiencia educativa. Ello puede desincentivar la permanencia en la escuela de estos niños y reforzar su implicación en actividades laborales. La intervención en edades tempranas, cuando la dedicación al trabajo es incipiente, sirve como estrategia (a) de retención del menor en el contexto educativo, a través de la inclusión en actividades gratificantes dentro de la escuela, (b) de amortiguación de los efectos negativos del trabajo infantil sobre el desarrollo del niño, mediante la creación de espacios seguros de aprendizaje y juego y (c) de sensibilización sobre el impacto del trabajo infantil, mediante la participación de padres y docentes.

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Factores comunitarios en la resiliencia personal

At the pub, by Giuseppe Milo (CC BY 2.0)

Superando la adversidad

La resiliencia hace referencia a la capacidad de adaptación ante circunstancias adversas. La investigación sobre prevención ha tenido un sesgo hacia los factores de riesgo, pese a que existen evidencias de recursos con valor protector que contribuyen a sobreponerse a las dificultades. También sabemos que resulta fundamental el tipo de interacción del individuo con su entorno ecológico.

En este contexto, la mayor parte de los instrumentos para evaluar la resiliencia se han centrado en las características individuales, sin prestar mucha atención a la calidad de los recursos relacionales. Además, se han enfocado en población infantil, por lo que apenas se han evaluado los factores ecológicos que promueven la adaptación posterior a las experiencias de riesgo entre los adultos.

En un estudio con víctimas de abuso infantil en Irlanda se diseñó una herramienta que tuvo en cuenta las características de los entornos ecológicos con población adulta. Se trataba de un grupo que cuando eran niños (entre los años 1930 y 1970 en Irlanda) habían asistido a escuelas religiosas que se gestionaban de manera autoritaria, implantaban una disciplina muy severa, recurrían al maltrato físico y a la separación de sus familias, y en algunos casos fueron víctimas de abuso sexual. Este tipo de condiciones suele traducirse en problemas de ansiedad, estrés y afecciones psicológicas en el 80 por ciento de los casos.

Sin embargo, siempre hay un porcentaje que se sobrepone a dichas circunstancias. Centrándose en dicho perfil, en este caso se encontraron como factores protectores significativos los siguientes:

  • La cohesión comunitaria,
  • el apoyo familiar,
  • una identidad positiva (niveles elevados de identidad nacional y afiliación colectiva), y
  • las competencias personales.

Los aspectos comunitarios, familiares y de identidad colectiva resultaron muy relevantes en la determinación de la capacidad de resiliencia. Por el contrario, se observaba cierta desvinculación de prácticas espirituales o religiosas.

El concepto de resiliencia ha servido para orientar la intervención hacia recursos positivos, que aumentan las oportunidades de adaptación individual. Es el caso, por ejemplo de la calidad del barrio, la calidad de las escuelas o el sistema de prestación de servicios educativos y de salud. También la calidad de los entornos relacionales, tales como tener relaciones positivas con adultos que actúan de modelos positivos de comportamiento, o tener relaciones pro-sociales con los compañeros.

Para saber más

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