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Experiencias de participación de un psicólogo comunitario

Melissa Mongiat (CC BY-NC-SA 2.0)

Algunas lecciones aprendidas sobre voluntariado, implicación cívica, competencias personales y cohesión local

Durante el último año he participado como voluntario en la sección “pregunte a un asesor” de la Caja de Herramientas Comunitarias. Uno de los temas recurrentes en las preguntas de los usuarios es cómo aumentar la participación de la comunidad. La participación es un valor central de la psicología comunitaria (Chavis & Wandersman, 1990; Dalton, Elias & Wandersman, 2001; Rappaport, 1987; Zimmerman, 2000). Las asociaciones y las organizaciones de base ofrecen oportunidades para desarrollar relaciones, ejercer el compromiso personal con determinadas causas sociales y desplegar diferentes formas de acción colectiva (Christens & Speer, 2011; Florin & Wandersman, 1990; Wandersman & Florin, 2000).

Es habitual que cualquier psicólogo comunitario acumule experiencias de participación a lo largo de su vida personal y profesional. El empoderamiento y la implicación de la comunidad aparecen de manera transversal en todo tipo de iniciativas de cambio social. En mi caso, desde que un grupo de amigos creamos una asociación cultural juvenil, he estado vinculado a diferentes organizaciones comunitarias y asociaciones profesionales. Desde entonces, he estado involucrado en un periódico local, en la financiación de causas comunitarias y en la contribución a una asociación ambiental, por mencionar algunos.

La mayoría de estas experiencias no las he tenido en calidad de psicólogo comunitario. Sin embargo, han resultado fundamentales en mi comprensión de los procesos de organización comunitaria y de las prácticas que promueven la cohesión social. A continuación, desarrollo una breve reflexión personal sobre dichas experiencias. Me detendré en mostrar cómo la participación guarda una relación directa con el desarrollo de competencias personales y mejora la integración comunitaria. Además, veremos varios ejemplos que ilustran cómo la participación efectiva se basa en la persistencia, el desarrollo progresivo de relaciones y la administración de incentivos con los que mantener la implicación a lo largo del tiempo.

La participación como aprendizaje

La primera experiencia de voluntariado en la que recuerdo haber participado consistió en clasificar medicinas que se enviaban a países africanos. Yo tendría unos seis o siete años. Mi madre me llevaba a una asociación de cristianos de base que recogía alimentos y medicinas para remitirlos a iniciativas de cooperación al desarrollo sobre el terreno. La tarea era tan sencilla que podía hacerla un niño. Primero mirábamos la fecha de caducidad para garantizar que la medicación no estaba en mal estado y que todavía tenía unos meses por delante para poder ser utilizada con garantías. Luego separábamos los antibióticos del resto y los organizábamos según una lista de prioridades. Con el tiempo se introdujeron regulaciones en la distribución de medicamentos, con criterios de salud pública y control farmacéutico, que impidieron que esa actividad siguieran haciéndola este tipo de asociaciones. Yo era tan pequeño que clasificar cajas de pastillas y jarabes no dejaba de ser un juego al que dedicaba dos tardes por semana. Sin embargo, aquellas experiencias iniciales de colaboración desinteresada (para atender las necesidades sociales de otras personas a las que yo no conocía), fueron posiblemente, sin saberlo, un antecedente necesario de la participación cívica posterior. Los psicólogos comunitarios sabemos que la participación temprana en acciones de voluntariado predice la implicación comunitaria durante la vida adulta (Guillaume, Jagers & Rivas-Drake, 2015; Lawford & Ramey, 2017).

Años más tarde he coordinado proyectos de cooperación internacional en Colombia y Perú. “Edúcame Primero” es una iniciativa para la prevención del trabajo infantil que normalmente se aplica en colegios, y que consiste en desarrollar acciones psicoeducativas con niños en situación de riesgo psicosocial, junto con sus familias (Maya Jariego & Holgado, 2014; Maya Jariego, 2017). Con la ayuda de becas de formación solidaria de la Universidad de Sevilla, pequeños grupos de estudiantes participaron durante algunos años en la implementación del programa. El voluntariado internacional les proporcionaba una experiencia intercultural y les permitía conocer de primera mano las condiciones de exclusión en los barrios periféricos de las grandes ciudades latinoamericanas. Cuando finalizó el programa en Lima (Perú), visitamos a cada uno de los colegios participantes en el programa para hacerles entrega de un lote de libros de lecturas infantiles, con cuentos y clásicos de la literatura en español. Repartir los libros directamente a los niños para que los colocaran en los anaqueles de la biblioteca del colegio es uno de los momentos más emocionantes que me ha proporcionado la intervención comunitaria. En mi caso me inicié en la lectura cuando era adolescente con una colección de bolsillo con libros de Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y otros clásicos del boom literario hispanoamericano. Repartir libros en algunos colegios de Latinoamérica, es decir llevar literatura de vuelta al otro lado del Atlántico, significaba devolver parte de lo que había recibido. Por eso lo viví como un gesto de gran justicia poética.

Terceros lugares en la comunidad local

Pese a estas incursiones en la cooperación internacional, las iniciativas a las que les he dedicado más tiempo se han desarrollado en el ámbito local. He de decir que esto ha ocurrido con especial intensidad en dos etapas diferentes. A principios de los 1990 fundamos un periódico en Alcalá de Guadaíra, una ciudad de tamaño medio en el entorno metropolitano de Sevilla. “La Voz de Alcalá” surgió como un medio independiente de base comunitaria, en un contexto en el que aparecían los primeros casos importantes de corrupción política en España y considerábamos necesario darle voz a los colectivos con menos poder en la comunidad local. El periódico articuló su línea editorial en torno al valor de la participación ciudadana. Creamos una sección, denominada “Tribuna abierta”, en la que cuatro invitados debatían cada semana sobre un tema de interés local. La combinación de la participación abierta con una amplia representación de la diversidad de puntos de vista contribuyó de manera efectiva al debate público y a generar una visión compartida sobre los problemas locales.

Con una filosofía muy parecida surgió también el “Foro Oromana”, una asociación cultural en cuya creación participé una década más tarde. En este caso la actividad principal consistía en organizar conferencias y debates sobre el modelo de ciudad. El contenido de los encuentros oscilaba desde las sesiones de planeamiento urbano estratégico a las mesas redondas con los candidatos a la alcaldía. El foro ciudadano se definió desde su inicio como “un lugar de encuentro entre alcalareños”. Concebíamos la asociación como un “tercer lugar” (Oldenburg, 1989) en el que los vecinos pudieran reunirse informalmente y mantener una conversación. Este tipo de espacios públicos contribuyen a una vida comunitaria activa, facilitan la conexión entre ciudadanos de diferente ideología o condición, y promueven el sentido de comunidad. En los dos casos –el periódico y el foro-, nos basamos durante un largo periodo meramente en la participación voluntaria. Con el tiempo se institucionalizaron y mejoraron su funcionamiento. Sin embargo, aquellos inicios participativos contribuyeron a formar un núcleo de participantes comprometidos que posiblemente influyeron, junto con otros factores, en que dos o tres décadas después ambas asociaciones aún sigan en activo.

Como puede comprobarse en cualquier escenario local, los estudios comunitarios han puesto de manifiesto que la vida asociativa es un ámbito fundamental de socialización y de transformación personal. Permite desplegar los valores y la conciencia crítica en el plano individual, y es un catalizador del sentido de eficacia colectiva (Chavis & Wandersman, 1990; Florin & Wandersman, 1990).

La transparencia de la participación en comunidades virtuales

También he tenido la oportunidad de implicarme activamente en varias comunidades virtuales, y en momentos puntuales he ejercido de voluntario en línea. Aunque no hay nada “virtual” en la participación online (Cravens & Ellis, 2014), me gusta utilizar, por su valor evocativo, el término que popularizó Howard Rheingold (1993). Durante muchos años he sido administrador de “E-Voluntas”, una lista de correo electrónico en la que participan voluntarios, gestores de voluntariado e investigadores. Empezó a funcionar en 2002, con la intención de “crear un canal iberoamericano sobre voluntariado, sociedad civil e intervención comunitaria”. Los contenidos giraban fundamentalmente en torno al intercambio de experiencias en la región y la sistematización de la práctica del voluntariado. Durante el primer año de funcionamiento, hicimos una traducción participativa de “la guía de voluntariado virtual” (Ellis & Cravens, 2000). Para todos los participantes fue nuestra primera experiencia de voluntariado en línea. Nos permitió explorar el potencial de las tecnologías de la información para la colaboración en red y la movilización ciudadana. Con aquella experiencia pionera no sólo comprobamos que se podía hacer voluntariado a distancia de manera efectiva, sino que también nos reveló el potencial de los espacios virtuales para la acción comunitaria.

Antes de que Twitter, Facebook y WhatsApp transformaran el ecosistema de la comunicación online, algunas listas de correo adquirieron un papel destacado entre las comunidades mediadas por ordenador más activas (Rheingold, 1993, 2000). Los foros virtuales proporcionan un medio transparente, que facilita la observación, la monitorización y el registro del grueso de la interacción que tiene lugar entre sus miembros. Esto hace de ellos, en mi opinión, un buen contexto en el que aprender estrategias de dinamización de grupos y “gestión comunitaria”. Cuando administras una lista de correo caes en la cuenta de que es importante recibir al menos un mensaje por semana, para mantener la atención continuada de los suscriptores. También se hace necesario responder a cualquier contribución, por incipiente que sea, y reforzar los pequeños logros. La participación es un proceso de medio y largo plazo, que requiere persistir en los objetivos. El administrador ejerce un liderazgo que establece el tono inicial en la lista de correo y contribuye decisivamente a la cultura del grupo. Poco a poco se va generando un núcleo de participantes activos que proporciona a los foros efectivos una estructura centro-periferia. El foro alcanza su madurez cuando los miembros de la periferia pasan a reforzar el núcleo activo, de forma que se mantiene la dinámica global incluso cuando alguno de los miembros centrales adopta un rol más pasivo. La acción participativa se caracteriza por su sostenibilidad. Con la interacción prolongada en el tiempo, la historia compartida y el desarrollo del sentido de comunidad, se va generando un sistema de intercambio de apoyo generalizado, basado en la reciprocidad, del que se benefician tanto los participantes como los observadores pasivos. Se convierte, entonces, en un recurso de valor público.

Cómo aumentar la participación

Promover la participación comunitaria es, en definitiva, una tarea muy compleja. Cuando los usuarios de la Caja de Herramientas me preguntan por este tema, evito las respuestas de carácter eminentemente teórico e intento trasladar algunas de las lecciones aprendidas en mi propia experiencia de participación. Las he resumido en la Tabla 1.

Mi recomendación suele consistir en prestar atención a las competencias de los participantes, los escenarios de interacción y la formación de un grupo cohesivo con sentido de pertenencia. Tanto los líderes como las organizaciones tienen un papel fundamental en la participación comunitaria efectiva. Además, los espacios que son capaces de congregar a individuos y colectivos diversos cuentan con un valioso potencial para la construcción comunitaria. Finalmente, se trata de un proceso que se va construyendo progresivamente, a través de una historia compartida por los participantes, y que requiere de una red mínimamente estructurada en la que emerge el sentido psicológico de comunidad (Maya-Jariego, 2004).

Como la participación tiene un valor transversal en la acción comunitaria, las lecciones pueden trasladarse posiblemente a cualquier ámbito, con independencia del problema social o de la población con la que se trabaje. No importa cuál sea el contexto, la participación es un camino largo que se sostiene en la tenacidad, el desarrollo de relaciones personales y la construcción de escenarios compartidos.

REFERENCIAS

Chavis, D. M., & Wandersman, A. (1990). Sense of community in the urban environment: A catalyst for participation and community development. American Journal of Community Psychology, 18(1), 55-81.

Christens, B. D., & Speer, P. W. (2011). Contextual influences on participation in community organizing: A multilevel longitudinal study. American Journal of Community Psychology, 47(3-4), 253-263.

Cravens, J., & Ellis, S. J. (2014). The Last Virtual Volunteering Guidebook: Fully Integrating Online Service into Volunteer Involvement. Philadelphia, PA: Energize.

Dalton, J. H., Elias, M. J., & Wandersman, A. (2001). Community psychology: Linking individuals and communities. Wadsworth/Thomson Learning.

Ellis, S. J., & Cravens, J. (2000). The Virtual Volunteering Guidebook: How to Apply the Principles of Real-World Volunteer Management to Online Service. Impact Online.

Florin, P., & Wandersman, A. (1990). An introduction to citizen participation, voluntary organizations, and community development: Insights for empowerment through research. American Journal of Community Psychology, 18(1), 41-54.

Guillaume, C., Jagers, R., & Rivas-Drake, D. (2015). Middle school as a developmental niche for civic engagement. American Journal of Community Psychology, 56 (3), 321-331

Lawford, H. L., & Ramey, H. L. (2017). Predictors of Early Community Involvement: Advancing the Self and Caring for Others. American Journal of Community Psychology, 59(1-2), 133-143.

Maya-Jariego, I. (2004). Sentido de comunidad y potenciación comunitaria. Apuntes de Psicología, 22(2), 187-211.

Maya-Jariego, I. (2017), “But We Want to Work”: The Movement of Child Workers in Peru and the Actions for Reducing Child Labor. American Journal of Community Psychology, 60: 430–438. doi:10.1002/ajcp.12180

Maya-Jariego, I. & Holgado, D. (2014). From Barranquilla to Lima in Reducing Child Labor: Lessons in Community Action. Global Journal of Community Psychology Practice, 5 (2), 1-6.

Oldenburg, R. (1989). The great good place: Café, coffee shops, community centers, beauty parlors, general stores, bars, hangouts, and how they get you through the day. Paragon House Publishers.

Rappaport, J. (1987). Terms of empowerment/exemplars of prevention: Toward a theory for community psychology. American Journal of Community Psychology, 15(2), 121-148.

Rheingold, H. (1993). The virtual community: Finding connection in a computerized world. Reading, MA: Addison-Wesley Longman Publishing.

Rheingold, H. (2000). The virtual community: Homesteading on the electronic frontier. Cambridge, MA: MIT press.

Wandersman, A., & Florin, P. (2000). Citizen participation and community organizations. In Handbook of Community Psychology (pp. 247-272). Springer US.

Zimmerman, M. A. (2000). Empowerment theory. In Handbook of community psychology (pp. 43-63). Springer US.

Para citar este artículo

Este artículo ha sido publicado en la sección “From Our Members” de The Community Psychologist. Por favor, utilice la siguiente referencia:

  • Maya-Jariego, I. (2018). Participation experiences of a community psychologist: Lessons learned about volunteering, civic involvement, personal competencies and local cohesion. The Community Psychologist, 51(2), 26-29.

Descarga el artículo original en el siguiente enlace: [pdf]

 

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La comunidad como eslabón perdido en la gestión pesquera

Fishing boats. Mexico. Photo: Curt Carnemark / World Bank (CC BY-NC-ND 2.0)

La pesca sostenible se basa en comunidades sostenibles

La gestión pesquera se concibe normalmente como la acción de agencias gubernamentales sobre los usuarios individuales y, en consecuencia, ignora el nivel comunitario de intervención. Svein Jentoft propuso en un artículo seminal publicado en Marine Policy en el año 2000 que para que una comunidad pesquera sea viable hace falta que los recursos marinos sean sostenibles, pero que también es verdad lo contrario: la sostenibilidad de las poblaciones de peces depende de que las comunidades pesqueras sean viables.

De este supuesto se derivan algunas reflexiones interesantes:

  • En lugar de interpretar la “tragedia de los comunes” como el resultado agregado de las acciones racionales de los individuos en el mercado, cabe interpretarla como una consecuencia de la anomia social en la que las comunidades de pescadores experimentan confusión normativa, los lazos son débiles y los estándares morales están en crisis. En consecuencia, los gestores tienen que preocuparse por respetar la estructura y la cultura de las comunidades de pescadores, y prevenir los daños en el tejido social, la cohesión comunitaria y el sentido de pertenencia.
  • Las formas de gobernanza colaborativa resultan especialmente pertinentes para respetar los lazos sociales, los valores tradicionales y el sentido de responsabilidad social en las comunidades pesqueras. La lógica de la reciprocidad ha sido uno de los activos tradicionales en la sostenibilidad de estos colectivos, y es frecuente que se vea alterada por el rediseño de incentivos que introducen las políticas pesqueras.
  • Tener en cuenta la dimensión comunitaria puede traducirse, por ejemplo, en que las cuotas de pesca son asignadas a comunidades locales (para garantizar elementos de control social internos en su implementación); o en que las comunidades locales están representadas como colectivo en los comités de toma de decisiones en la gestión pesquera. Es decir, se ponen en marcha estrategias de cogestión de base comunitaria.
  • El funcionamiento adecuado de la sociedad civil es una condición necesaria de la cogestión. Es importante que los pescadores desarrollen una historia de asociacionismo y desarrollo comunitario, de forma que desplieguen las competencias relacionadas con la acción colectiva, la representación y la deliberación que les permiten participar eficientemente en la toma de decisiones.

Como hemos ilustrado con el caso de la pesca, parece haber una conexión directa entre la vitalidad de las comunidades costeras y la sostenibilidad de los recursos naturales. La cogestión tiene que integrarse de manera efectiva en las comunidades, de forma que la gestión pesquera y el desarrollo comunitario se refuercen mutuamente.

Comentario basado en:

  • Jentoft, S. (2000). The community: a missing link of fisheries management. Marine Policy, 24(1), 53-60. [JMPO]

Aproximación psicosocial al conflicto colombiano

Barranquilla (CC BY-SA 3.0) Wikipedia Commons.

Carmen Molinares Brito, investigadora de la Universidad del Norte (Colombia), impartió una sesión sobre el conflicto armado en Colombia en la asignatura Diversidad en el Trabajo. En su exposición abarcó (a) la historia del conflicto armado, (b) analizó las consecuencias de la acción armada a varios niveles, (c) presentó el marco legislativo en el que operan las entidades que prestan ayuda a víctimas directas e indirectas y (d) compartió su experiencia de participación en el proyecto de reconciliación social de las víctimas en la Comunidad de Villas de San Pablo (Baranquilla).

Colombia cuenta con una historia larga de conflicto armado, que afectó el país a nivel político, social y económico:

  • Las consecuencias del conflicto no solo incluyen las amenazas constantes y las muertes de los civiles. Un porcentaje destacable de la población colombiana se vio forzado a desplazarse de áreas rurales a las urbanas, dejando atrás una parte importante de su cultura y sus tradiciones.
  • Además, se ha perjudicado la clase media y ha crecido la brecha de desigualdad en la sociedad. La calidad de vida ha bajado por las dificultades de acceso a la educación, los servicios sociales y los problemas de seguridad.
  • Se ponen en marcha los programas de ayuda, como, por ejemplo, el Programa de atención psicosocial y salud integral a víctimas (PAPSIVI). Este programa se basa en el principio de ayuda desde diferentes perspectivas: tanto médica como psicológica, junto con readaptación de la víctima en la sociedad.
  • El proyecto que se desarrolla en Comunidad de Villas de San Pablo ve necesario trabajar con las victimas indirectas de conflictos y con el problema de la pobreza. Paradójicamente, la superación de un nivel determinado de ingresos significa su exclusión automática del programa, por lo que en algunos casos trabajan de manera informal para seguir dentro del mismo.

Desde el punto de vista psicosocial se prestó atención a la concentración de desplazados en los mismos barrios de residencia, tales como Las Gardenias y Villas de San Pablo en Barranquilla. También se examinaron las implicaciones de la diversidad de experiencias del conflicto: víctimas directas, víctimas indirectas, víctimas vicarias, victimarios por acción, victimarios por omisión, testigos, sociedad civil en general, etcétera. Tanto el impacto psicológico cómo la efectividad de las iniciativas para promover la reconciliación pueden tener un significado distinto en cada caso.

Nota preparada por Deniza Alieva y Esperanza Márquez.


De turismo y distancia cultural

Deniza Alieva presentó en la asignatura Diversidad en el Trabajo los elementos de distancia cultural de Rusia y Uzbekistán con España. Los contenidos están resumidos a continuación:

En su presentación, (a) analizó las situaciones de contacto intercultural de los turistas rusos en España y (b) describió las peculiaridades culturales de Uzbekistán. Utilizando el modelo de Hofstede, la mayor distancia cultural se observa entre España y Uzbekistán: esta última tiene comparativamente las puntuaciones más altas en colectivismo y distancia de poder, de entre los tres países analizados. En Uzbekistán confluyen influencias culturales de la Ruta de la Seda y la Rusia Soviética, unido a las tradiciones propias de Asia Central. Cuenta además con más de un 80 por ciento de población musulmana. También se describió el caso de desecamiento del Mar de Aral. Finalmente, el estudio de caso puso de manifiesto que la diversidad cultural puede utilizarse como un atractivo o un recurso turístico.

Itinerarios turísticos

Sobre el caso de los turistas rusos en Andalucía, puede consultarse el siguiente artículo de la Revista REDES:

  • Caminos trazados: redes de itinerarios de los turistas rusos en Andalucía. REDES Vol. 29, Núm.1 (2018) [pdf]

Aculturación y ajuste cultural en cooperación al desarrollo

Esperanza Márquez López presentó en la asignatura Diversidad en el Trabajo su experiencia en la aplicación del programa Edúcame Primero Perú. A lo largo de su exposición, (a) puso de manifiesto la diversidad étnica y lingüística del Perú, (b) explicó la necesidad de incorporar estrategias de adaptación cultural en las intervenciones de cooperación al desarrollo y (c) comentó la investigación reciente sobre el estrés de aculturación en cooperantes, especialmente cuando retornan a su país de residencia habitual, en lo que ha dado en llamarse “el síndrome del cooperante”. Los contenidos de la sesión están resumidos en la presentación que acompaña esta entrada.

Perú se caracteriza por una enorme diversidad socio-cultural. En el estudio de caso se identificaron algunos aspectos de interés en el desarrollo de intervenciones en Lima:

  • Perú está estructurada en tres ecosistemas, que popularmente son conocidos como “Sierra, Costa y Selva”. El desplazamiento forzado ha llevado a que población andina o personas provenientes del Amazonas se hayan asentado en las barriadas de la periferia de Lima. Entre otros aspectos, esto conlleva que el conocimiento ecológico local que traen consigo pierda valor en el contexto de  la gran ciudad, donde son otros los recursos relevantes para la adaptación.
  • La pertenencia étnica es un elemento de señalamiento de la posición social. De modo que en cualquier intervención es necesario atender a cómo la diversidad cultural interactúa con la desigualdad social.
  • Cuando hablamos de cultura normalmente destacan aquellos aspectos más relacionados con el folclore y las peculiaridades de cada minoría étnica. Sin embargo, la cultura es un recurso directamente conectado con la identidad personal, la autoestima, el concepto de sí mismo, la lealtad a los padres y la comunidad… De modo que preservar la diversidad cultural (por ejemplo, algunas lenguas del Amazonas que están en riesgo de desaparecer) tiene implicaciones psicológicas y de cohesión social.

Actividades de preservación cultural y fomento de la autoestima. Foto de José Orihuela. Los participantes en el programa Edúcame Primero Perú dieron su consentimiento para la difusión de las fotografías.

Conoce el programa Edúcame Primero

Edúcame Primero es un programa psicoeducativo de prevención del trabajo infantil. El Laboratorio de Redes Personales y Comunidades (HUM-059) de la Universidad de Sevilla lo ha implementado en Barranquilla (Colombia) y en Lima (Perú), en diversas acciones de cooperación al desarrollo. La intervención se ha mostrado efectiva en la mejora del rendimiento académico, el aumento de la autoestima y la prevención del abandono escolar temprano. Estudiantes de Grado y Postgrado en Psicología participaron como voluntarios en la implementación de talleres de habilidades sociales y desarrollo personal. Las aplicaciones en Colombia y Perú han mostrado el valor de la implicación de la comunidad y el desarrollo de redes familiares en la prevención del trabajo infantil [Comunidad].

Para saber más

  • Video del programa, premiado por la American Psychological Association [Video]
  • Descarga el catálogo del programa [pdf]
  • Descarga las infografías para familias [pdf]
  • Consulta esta publicación en el American Journal of Community Psychology [AJCP]
  • Consulta esta publicación en Psychosocial Intervention [PSI]

Coaliciones comunitarias para promover la alfabetización

De la capacidad de colaboración frente a los problemas sociales

Las coaliciones comunitarias consisten en redes de colaboración entre instituciones que colaboran para afrontar conjuntamente los problemas sociales de un área geográfica determinada. Además de mejorar (1) la implementación y (2) la efectividad de las intervenciones sociales, contribuyen a (3) la sostenibilidad de las acciones comunitarias.

Es habitual que surjan en contextos de pobreza y desigualdad para responder a los problemas de la comunidad. Se trata de iniciativas que conciben la intervención como acciones para promover el cambio sociocultural, que van más allá de la mera implementación de programas. A continuación reproducimos una reseña de una publicación reciente sobre el tema.

Reseña de:

Ridzi, Frank & Doughty, Margaret. Does Collective Impact Work? What Literacy Coalitions Tell Us. Lexington Books, London, 2017, 261 pp.

Redes de organizaciones para promover la enseñanza de la lectura y la escritura

El libro Does Collective Impact Work? es un análisis de las coaliciones comunitarias que pretenden promover la alfabetización en Estados Unidos, donde “32 millones de adultos no saben leer” (p. 5). Los problemas de alfabetización resultan centrales, especialmente durante la infancia, puesto que parecen conectados con la delincuencia juvenil, el abandono escolar temprano, el rendimiento educativo y la inserción socio-laboral posterior. Diversas estimaciones han demostrado que la educación infantil genera un retorno beneficioso, tanto por la reducción de los costes asociados a la delincuencia y el encarcelamiento como por el impacto de los programas formativos de alta calidad en la preparación de la mano de obra e, indirectamente, en la economía nacional. Varios de los problemas sociales que experimenta una comunidad pueden verse positivamente impactados por la alfabetización (pp. 6-10).

Sin embargo, no se trata de un libro sobre alfabetización. Como se reconoce en la propia introducción, “la alfabetización es simplemente el contexto de fondo sobre el que exploramos el fenómeno social emergente de las coaliciones comunitarias con un impacto colectivo” (p.11). Las coaliciones comunitarias normalmente se conciben como un conjunto de organizaciones que colaboran para afrontar un problema social común (Butterfoss, 2007). Habitualmente se basan en la coordinación entre instituciones y en el fomento de una norma social compartida para afrontar problemas sociales y de salud pública. Para ello, (1) se reúnen miembros de la comunidad local, (2) que se organizan en una red de instituciones y (3) se promueven cambios de nivel comunitario.

La coordinación de los líderes locales mejora los resultados. Cuando se trabaja para concentrar los recursos disponibles y facilitar que los esfuerzos sean consistentes, aumenta el impacto comunitario. Sin embargo, la naturaleza de las coaliciones comunitarias no puede reducirse a simples mejoras de coordinación entre agentes sociales. Las coaliciones efectivas conllevan una transformación del exo-sistema que mejora el contexto institucional en el que se desenvuelven los individuos: “Por ejemplo, al proporcionar desarrollo profesional a los trabajadores de los servicios sociales o al crear mecanismos de comunicación entre los docentes y los monitores de actividades extra-escolares, los actores del exo-sistema pueden lograr un verdadero cambio positivo en la vida de los niños sin ni siquiera conocerlos” (p. 16). Las coaliciones son un indicador de preparación comunitaria, que mejoran la implementación de programas y contribuyen a la sostenibilidad a medio plazo de los cambios comunitarios.

En la investigación sobre coaliciones comunitarias han predominado los estudios de casos. Una de las contribuciones originales de Does Collective Impact Work? es la realización de un estudio de ámbito nacional que describe los patrones de formación, desarrollo y mantenimiento a largo plazo de las coaliciones; analiza la financiación de las mismas y evalúa el impacto comunitario para el conjunto de Estados Unidos. Para ello, el libro se basa en dos encuestas nacionales coordinadas por los autores, con sendas muestras de 78 coaliciones de alfabetización y 45 financiadores. En su conjunto, los datos apoyan el impacto colectivo de las coaliciones. Los resultados muestran que este tipo de iniciativas no son un fin en sí mismas sino una herramienta para mejorar la situación de la comunidad. La presencia de coaliciones de alfabetización en una zona geográfica determinada se asocia positivamente con las tasas de graduación en la enseñanza secundaria. Además, de manera interesante se observa que una vez que una vez que se ponen en marcha estrategias de colaboración, dichas capacidades se transfieren a otras necesidades. Por ejemplo, las coaliciones de alfabetización parecen aumentar la preparación de la comunidad para afrontar otros problemas sociales.

En el Capítulo 2 se explica que los financiadores suelen estar motivados por un problema comunitario específico (por ejemplo, la educación adultos o la alfabetización), y que para enfrentarlo de manera efectiva necesitan reducir la fragmentación del sistema de servicios. La coordinación entre organizaciones se puede monitorizar a través de grafos de redes inter-organizativas, donde se evalúan los patrones de networking entre el comité de la coalición y otras instituciones relevantes en la comunidad (pp. 85-91). Esta forma de ver cómo la coalición (con representantes de diferentes entidades) se conecta a su vez con una red de instituciones comunitarias resulta sugerente y podría beneficiarse en el futuro de la aplicación de estrategias formales de análisis de redes sociales. Eso llevaría, por ejemplo, a ubicar el nivel de análisis en las relaciones intra-comité o a examinar las relaciones existentes entre comités (como se hace en el caso de las conexiones cruzadas entre consejos de administración).

Las coaliciones comunitarias surgen con frecuencia en contextos de pobreza, con escuelas deficientes, en las que se comparte cierto sentimiento de privación relativa y desigualdad. La formación de redes de organizaciones y la implementación de acciones coordinadas parece mejorar el impacto colectivo (aunque cada coalición puede tener una historia y seguir un itinerario diferente). Este libro sobre What Literacy Coalitions Tell Us revisa sistemáticamente qué factores contribuyen a que este tipo de iniciativas funcionen de manera efectiva. Los autores llevan a cabo un análisis que puede servir de referencia para la implementación de coaliciones basadas en la evidencia.

Referencias

Butterfoss, F. D. (2007). Coalitions and partnerships in community health. John Wiley & Sons, San Francisco.

Para citar esta reseña:

Maya-Jariego, I. (2018). Book review of Does Collective Impact Work? What Literacy Coalitions Tell Us by Frank Ridzi & Margaret Doughty. Voluntas. International Journal of Voluntary and Nonprofit Organizations. DOI: https://doi.org/10.1007/s11266-018-9993-y


Selección de publicaciones del LRPC (2017-2018)


LRPC

En la presentación superior se recoge una selección de publicaciones del Laboratorio de Redes Personales y Comunidades durante 2017-2018. Varios artículos corresponden a la línea de investigación sobre prevención del trabajo infantil y están disponibles en los siguientes enlaces:

  • Implementación del programa “Edúcame Primero Perú” [ARQOL]
  • Reflexiones sobre la prevención del trabajo infantil [AJCP]
  • Redes de familias en la prevención del trabajo infantil [PI]

Paseos comunitarios de JWS

JWS5

En mayo se celebra la quinta edición de paseos comunitarios de Janes Walk Sevilla. Se pueden proponer paseos hasta el 27 de abril, a través de la web: [JWS]. Los paseos comunitarios ofrecen una manera interesante de conocer la ciudad, compartiendo experiencias, historias y puntos de vista con otros vecinos.


Redes personales y escenarios de conducta en la periferia de Lima

Foto José Orihuela

La vida comunitaria en las escuelas de barrios desfavorecidos

El contexto ecológico resulta fundamental en la comprensión del comportamiento humano. Sin embargo, una gran parte de la investigación en psicología se ha centrado en el estudio de las diferencias individuales. A veces eso ha conllevado abstraerse del contexto o considerarlo simplemente un factor moderador del comportamiento individual.

Los modelos ecológicos supusieron una innovación en este ámbito, puesto que nos condujeron a considerar que el contexto consiste en unas reglas de funcionamiento o unos patrones de interacción que se mantienen constantes con independencia de cuáles son los miembros individuales que participan en el mismo. Algunos trabajos recientes utilizan el análisis de redes sociales en la definición operativa de dichas regularidades sociales y en la descripción de las diferentes estructuras que adoptan los contextos. Por ejemplo, en un estudio realizado en Quebec describieron las relaciones que se producen entre los profesionales de los servicios de protección a la infancia y las familias, combinando el análisis de redes con la técnica de incidentes críticos. En este caso el análisis estructural sirve para traducir el concepto de “regularidades sociales” y, aunque se basa en anécdotas cualitativas, ilustra el potencial de las redes para la evaluación de contextos.

Otro caso similar es una investigación en la que un equipo de miembros del Laboratorio de Redes Personales y Comunidades evaluamos los escenarios de conducta en tres colegios de barrios pobres en la periferia de Lima (Perú). Para ello realizamos una encuesta de redes personales que fueron representadas con la técnica de grafos agrupados. La investigación nos permitió identificar cuáles son los lugares del barrio en los que es más frecuente interactuar con los vecinos y demostró el papel central de los colegios en la vida comunitaria. Resumimos la metodología y los resultados de dicha investigación a continuación.

El estudio en colegios peruanos

Se realizó una encuesta a padres y madres de tres colegios de barrios periféricos de Lima (Perú) en los que se aplicaba el programa “Edúcame Primero Perú” para la prevención del trabajo infantil. La encuesta incluía información sobre las redes personales de los entrevistados y se complementó con la observación participante a lo largo de más de dos años de aplicación del programa. Estas son algunas de las observaciones más significativas.

  • La existencia de relaciones de intercambio de información y apoyo social entre las familias del barrio es un recurso protector del trabajo infantil. Las redes de conocimiento mutuo entre hogares parecen ejercer una función de control social, con un valor preventivo.
  • En los colegios se concentran algunos de los escenarios de conducta fundamentales para el desarrollo de este tipo de relaciones. Las madres y padres del barrio inician relaciones en la puerta del centro educativo, en fiestas organizadas por el colegio, en sesiones de tutoría y en escuelas de padres.
  • Las redes entre familias están menos desarrolladas en los asentamientos humanos más recientes, con una historia de desarrollo comunitario más corta. En esas barriadas de aluvión, en las que hay un mayor riesgo de trabajo infantil, los colegios suelen ejercer un papel de puente hacia recursos laborales y otros servicios disponibles fuera del distrito.

Referencia

Maya Jariego, I., Holgado, D., Márquez, E. & Santolaya, F. J. (2018). The community role of schools in Jicamarca and Villa El Salvador (Peru): crosscutting behavior settings in personal networks. Psychosocial Intervention, 27 (1), 1-11. [pdf]

  • Descarga una versión del artículo en español [pdf] (se trata de un pre-print que no incluye los cambios introducidos durante el proceso de revisión y edición).

Otras publicaciones sobre el programa “Edúcame Primero” en Perú y en Colombia están disponibles en nuestra cuenta de ResearchGate:


Networking entre agricultores para prevenir la degradación del suelo

Robert Wilson (CC BY-ND 2.0)

Memoria ambiental espacialmente distribuida

Las comunidades rurales suelen desarrollar un conocimiento compartido sobre el medio ambiente local. Sin embargo, esta memoria colectiva sobre las prácticas ecológicas suele referirse al espacio geográfico inmediato y reproducirse en redes cohesivas que disponen de información redundante. Por el contrario, las relaciones con individuos geográficamente distantes permiten acceder a una memoria ambiental diversa, así como a prácticas ecológicas que pueden resultar innovadoras en el entorno local. Por eso los temporeros agrícolas, los pastores trashumantes o los agricultores migrantes pueden contribuir a difundir nuevas prácticas agropecuarias y a la introducción de innovaciones para la conservación ambiental.

En varias comunidades rurales de Indonesia se realizó un experimento para evaluar el impacto en las redes sociales de unos talleres de networking que pretendían difundir información para la adopción de fertilizantes orgánicos. La intervención se centró en promover los contactos interregionales, de forma que los participantes compartieran diferentes experiencias y accedieran a conocimiento ecológico novedoso para ellos.

Aunque la intervención no funcionó igualmente en todos los contextos, en una de las comunidades (en la Isla de Java) se encontró que los participantes en los talleres desarrollaron nuevos lazos interregionales (es decir, con personas externas a su comunidad local), lo cual contribuyó a (a) que hicieran de pioneros en la adopción de nuevas prácticas para prevenir la degradación del suelo y (b) que aumentara su popularidad en la comunidad local (en términos de indegree), de modo que otros agricultores empezaron a considerarlos una importante fuente de información.

Este experimento es un ejemplo de la incorporación del análisis de redes en la evaluación de intervenciones, o incluso como estrategia de intervención por sí misma. También ilustra cómo diferentes comunidades pueden estar preparadas de modo diferente para la misma intervención. Es decir, el grado de preparación comunitaria puede determinar que se obtengan más o menos resultados con la misma intervención. Por ejemplo, la historia previa o la experiencia ambiental de una comunidad pueden determinar el grado de aprovechamiento de los talleres de networking o de la formación especializada para utilizar fertilizantes orgánicos.

Referencia

Este comentario está basado en el siguiente artículo:

Matous, P. & Todo, Y. (2018). An experiment in strengthening the networks of remote communities in the face of environmental change: leveraging spatially distributed environmental memory. Regional Environmental Change. [pdf] https://doi.org/10.1007/s10113-018-1307-9


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