Cinco estrategias para prevenir la “epidemia de desinformación”

Daniel Foster (CC BY-NC-SA 2.0)

Propagación de información falsa sobre COVID19 en las redes

Con la pandemia de COVID-19 se ha producido un aumento de la desinformación que también tiene consecuencias negativas en la salud pública. Como la desinformación se canaliza a través de las redes, las acciones preventivas también pueden consistir en intervenciones basadas en redes. A ese respecto, un trabajo reciente describe cinco tipos de actuaciones preventivas contra la desinformación:

  1. Movilizar a líderes de opinión. Esta estrategia consiste en identificar a personas clave en la difusión de información en las redes naturales, que pueden influir en la transmisión de información válida y contrastada. Como la población a veces desconfía de las fuentes institucionales, o está condicionada por dinámicas de polarización política, una estrategia puede consistir en implicar a YouTubers y otras figuras que son influyentes en su entorno.
  2. Segmentar en grupos. Se trata de identificar subgrupos de población que son especialmente susceptibles a la desinformación y que necesitan entrar en contacto con fuentes de información fiable. Por ejemplo, los movimientos “antivacunas” o los denominados “negacionistas” suelen constituir grupos cerrados que refuerzan la consistencia ideológica.
  3. Promover la viralidad. Normalmente consiste en recurrir a mediadores naturales y mentores que promueven comportamientos positivos de salud. La información positiva también se puede propagar más fácilmente a través de las redes de contactos interpersonales. Así funcionan por ejemplo campañas como #MeQuedoenCasa o la difusión de hábitos saludables a través de bailes en TikTok.
  4. Modificar las dinámicas de las redes. Cuando es viable, se recurre a eliminar las fuentes de desinformación (por ejemplo, algunas cuentas en medios sociales) para prevenir la difusión de información falsa o no contrastada. En términos de redes, consiste en eliminar nodos o lazos. Tanto la eliminación de “bots” que difunden desinformación como la introducción de otros que promueven los comportamientos de protección sirven para ilustrar esta estrategia. También la existencia de plataformas online entre vecinos que permitieron organizar la autoayuda durante el confinamiento.
  5. Rediseñar las plataformas de networking. Se puede colaborar con las empresas de medios sociales para estructurar las plataformas de forma que dificulten la difusión de información negativa (por ejemplo, evitando procesos de segregación o facilitando la existencia de contactos externos al grupo). Las plataformas pueden introducir advertencias sobre los contenidos no contrastados o modificar los algoritmos que modulan la difusión de información y la formación de relaciones.

Basado en:

Young, L. E., Sidnam-Mauch, E., Twyman, M., Wang, L., Xu, J. J., Sargent, M., … & Monge, P. (2021). Disrupting the COVID-19 Misinfodemic With Network Interventions: Network Solutions for Network Problems. American Journal of Public Health, 111(3), 514-519. [AJPH]

Para saber más:

Maya-Jariego, I. (2016). 7 usos del análisis de redes en la intervención comunitaria. Redes. Revista Hispana para el Análisis de Redes Sociales, 27(2), 1-10. [REDES]


La investigación-acción de Kurt Lewin

“La psicología que solo produce libros no es suficiente”

Esta semana se celebra la Semana del Patrón de la Psicología 2021 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla. Entre otros actos culturales, se ha puesto en marcha una iniciativa del museo de psicología con semblanzas de algunas figuras relevantes en el desarrollo de la disciplina: Skinner, Kurt Lewin, Walter Mischel, Mercedes Rodrigo Bellido, Ignacio Martín Baró, Mary Whiton Calkins y Brenda Milner. La actividad estará acompañada de una exposición de retratos de los psicólogos/as antes mencionados.

Para saber más

En el video que acompaña a esta entrada puedes ver la semblanza de Kurt Lewin. Se le considera el fundador de la psicología social moderna. Acuñó el concepto de dinámica de grupos, investigó sobre el liderazgo democrático, desarrolló la teoría de campo y propuso el concepto de investigación-acción. Junto con los estudios teóricos sobre los grupos pequeños, puso en marcha varias iniciativas para el estudio psicológico de los problemas sociales.


Alternativas a los vehículos convencionales

Bike Shadow by giots (CC BY 2.0)

Programas para promover que la población vaya andando o en bici al trabajo

El ejercicio físico mejora la salud de la población. Además, andar o ir en bicicleta no solo son actividades de tiempo libre, sino que ofrecen una alternativa a los desplazamientos en coche, de modo que contribuyen a descongestionar el tráfico, reducen la contaminación y el riesgo de accidentes.

Las campañas de publicidad y la introducción de pequeños cambios en las infraestructuras no parecen ser especialmente efectivos para conseguir que la población utilice medios alternativos al coche en sus desplazamientos. Sin embargo, existen dos tipos de intervención que han mostrado algunos resultados positivos:

Por lo tanto, los resultados más positivos se dan cuando la intervención se dirige a grupos previamente motivados para el cambio de comportamiento. Complementariamente, en algunos casos, la apertura de una estación de tren o los incentivos económicos también pueden facilitar la utilización de medios alternativos.

El uso de los diferentes medios de transporte para desplazarse al trabajo es un comportamiento complejo, influido por múltiples factores. Las acciones que han obtenido un mayor impacto normalmente siguen un enfoque participativo, tomando en consideración el contexto de la población diana. En comparación, no existen evidencias de efectividad de las estrategias genéricas de sensibilización o los cambios en el entorno físico.

El camino al cole

En Andalucía se han desarrollado varias experiencias para promover que los menores vayan andando al colegio. Los “pedibuses” son rutas a pie para grupos de niños acompañados por un adulto. Normalmente se organiza con la participación voluntaria de los adultos y se ha desarrollado una App que permite tener geolocalizados a los niños durante el trayecto de camino al cole. Además de facilitar la actividad física, reduce la carga de tráfico rodado y es una oportunidad para la socialización de los niños con sus compañeros.

 

Referencia

Comentario basado en:

  • Ogilvie, D., Egan, M., Hamilton, V., & Petticrew, M. (2004). Promoting walking and cycling as an alternative to using cars: systematic review. BMJ, 329(7469), 763. [BMJ]

Adaptación cultural de una escuela de padres para familias latinas

Culture, by Alan E (CC BY 2.0)

Pertinencia, adecuación y efectividad

La implementación de los programas psicosociales en comunidades culturalmente diversas hace necesario adaptar las prácticas basadas en la evidencia a las peculiaridades de cada grupo. Con frecuencia, la adaptación de programas conlleva la traducción de los materiales al idioma de la población diana, así como la utilización de ejemplos pertinentes en el contexto local en el que van a ser utilizados. También puede implicar la participación de los líderes comunitarios o de las familias del contexto comunitario sobre el que se actúa.

Se ha demostrado que el fomento de estilos de crianza positivos contribuye a prevenir los problemas de comportamiento de los menores, tales como el absentismo escolar o los pequeños hurtos. Concretamente, (a) el establecimiento de límites, (b) la implicación activa en la educación de los hijos, (c) las habilidades de solución de problemas, y (d) la supervisión del comportamiento de los menores, se relacionan con resultados positivos.

En un programa con población latina en Estados Unidos se partió de dicho conocimiento previo para implementar una escuela de padres, en la que se introdujeron adaptaciones culturales para mejorar su funcionamiento:

  • Se elaboró una versión del manual de entrenamiento de los padres en español, revisando la pertinencia de los ejemplos utilizados en cada caso.
  • Se consultó a expertos y se realizaron grupos de discusión para evaluar la adecuación de los materiales.
  • También se realizó una prueba piloto.

La adaptación cultural puede aumentar la cobertura, la participación de la población destinataria y la efectividad de las intervenciones. En el caso analizado, la adaptación se inició con la participación de un experto que revisó los contenidos del programa. A continuación, se reunió con líderes de la comunidad y llevó a cabo un estudio de necesidades. Una vez iniciada la implementación, el programa se sometió a una serie iterativa de mejoras y adaptaciones. Como resultado, se identificaron algunos elementos relevantes para la adaptación cultural:

  • Los padres indicaron que el idioma puede convertirse en una barrera en la crianza de los hijos, en la medida en que los menores prefieren el inglés. Esta es una disyuntiva habitual entre la primera y la segunda generación.
  • También señalaron que los niños habían aprendido en la escuela que podían llamar al teléfono de emergencias en caso de sufrir maltrato. Los padres lo percibían como una amenaza potencial que puede reducir su poder de influencia en el contexto familiar.
  • Los padres realizaron sugerencias que tenían que ver con la migración, las relaciones con la familia en el país de origen, las necesidades apoyo social y las barreras en el acceso a los servicios sociales.

La escuela de padres consiguió una participación numerosa y obtuvo resultados positivos en algunos indicadores comportamentales, tales como el establecimiento de límites a los hijos. El estrés de aculturación se reveló como un factor clave en esta población.

Esta experiencia muestra la importancia de identificar los componentes centrales de la intervención, es decir, aquellos elementos que son estables, con independencia del contexto de aplicación del programa. Normalmente, las adaptaciones se realizan en los aspectos secundarios del programa, que pueden aplicarse con mayor flexibilidad, introduciendo cambios que permiten una mayor adecuación a cada contexto local.

La investigación sobre aculturación, individualismo-colectivismo o relaciones intergrupales, entre otros procesos psicosociales, puede servir de guía en la adaptación cultural de programas.

Referencia

Comentario basado en:

  • Doménech-Rodriguez, M. M., Baumann, A. A., & Schwartz, A. L. (2011). Cultural adaptation of an evidence based intervention: From theory to practice in a Latino/a community context. American Journal of Community Psychology, 47(1-2), 170-186. [AJCP]

La “paradoja nórdica” en la violencia de pareja

Andy Maguire (CC BY 2.0)

El papel de la igualdad de género en la prevención de la violencia de pareja contra la mujer

La desigualdad de estatus entre hombres y mujeres es uno de los factores que se asocia empíricamente con la violencia de pareja. Por eso se asume que promover una mayor igualdad de género tiene valor preventivo. Sin embargo, hay casos en los que una elevada igualdad de género coincide con una alta prevalencia de la violencia contra las mujeres, tal y como ocurre en Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega. Este fenómeno ha sido descrito como “la paradoja nórdica”.

En un estudio comparado de los casos de Suecia y España se comprobó que dichas diferencias no obedecen a discrepancias en los procedimientos de medida de la violencia de género. Dicha comparación pone a prueba la paradoja nórdica: Suecia está entre los países con mayor igualdad de género según diferentes sistemas de indicadores sociales; sin embargo, la prevalencia de violencia de género está significativamente por encima del caso español (que tiene en cambio niveles de igualdad de género sensiblemente inferiores).

De acuerdo con diferentes encuestas, la prevalencia de la violencia de género es aproximadamente un 15 por ciento superior en Suecia que en España. Pese a las dificultades estadísticas para establecer comparaciones entre países, el estudio de comparación psicométrica sistemática entre Suecia y España concluye:

“Nuestros resultados mostraron que los niveles más altos de violencia física y sexual contra la mujer en Suecia que en España reflejan las diferencias reales en la prevalencia de la misma, y no son el resultado de un sesgo de medida, apoyando la idea de la paradoja nórdica”. (Gracia et al., 2019, p. 11).

Estos resultados apuntan a una relación compleja entre la igualdad de estatus entre género y la violencia física y sexual contra la mujer. En este ámbito no se han consolidado muchas prácticas preventivas basadas en la evidencia. No obstante, las acciones educativas de base comportamental durante la adolescencia han mostrado algunos resultados prometedores.

Referencia

Comentario basado en:

  • Prevalence of intimate partner violence against women in Sweden and Spain: A psychometric study of the ‘Nordic paradox’. Plos One, 14(5), e0217015. [PLOSONE]

Comorbilidad, acumulación de riesgos y acciones preventivas polivalentes

Find Rehab Centers (CC BY 2.0)

Factores de riesgo y protección en los programas de prevención efectiva

El modelo de riesgo y protección proporciona un fundamento empírico para el diseño de intervenciones efectivas. Son factores de riesgo aquellos que aumentan la probabilidad de aparición de un problema, mientras que los factores protectores la reducen. En el diseño y la implementación de programas, los factores de riesgo sirven de criterio para seleccionar a la población diana, mientras que los factores de protección dotan de contenido psicosocial a las acciones preventivas.

Normalmente la investigación se centra en identificar los factores de riesgo y protección específicos para cada problema social. Sin embargo, algunos de los factores identificados pueden ser comunes a diferentes problemas sociales. Joseph A. Durlak revisó más de 1200 estudios para detectar los factores comunes en seis áreas de intervención diferentes: (a) problemas comportamentales, (b) problemas académicos, (c) maltrato infantil, (d) lesiones físicas, (e) uso de drogas, y (f) problemas de salud. A partir de dicho análisis elaboró una lista de factores de riesgo comunes, transversales a los diferentes problemas analizados:

  1. Barrios empobrecidos.
  2. Políticas sociales ineficaces.
  3. Escuelas de baja calidad.
  4. Modelos y presión social inadecuadas por parte de los iguales.
  5. Bajo nivel socioeconómico familiar.
  6. Problemas psicopatológicos de los padres.
  7. Conflictos de pareja entre los padres.
  8. Crianza punitiva.
  9. Aparición temprana del problema.
  10. Estrés.

Es frecuente que diferentes problemas sociales coincidan en un mismo segmento de población. Dicha comorbilidad se corresponde probablemente con la coincidencia en los factores de riesgo que hacen de antecedentes en cada caso. Además, se ha comprobado que la acumulación de riesgos tiene un efecto determinante en la aparición de problemas. La exposición a cuatro o más factores simultáneamente acrecienta de forma significativa la vulnerabilidad. Por otro lado, conviene destacar que los factores de riesgo se producen en múltiples niveles ecológicos: individual, familiar, comunitario y social.

Del análisis anterior se pueden extraer algunas conclusiones para la intervención:

  • Los programas que actúan en varios niveles ecológicos son más efectivos. Por ejemplo, una intervención que entrena en habilidades sociales a los adolescentes, que mejora los estilos de crianza de los padres y que promueve un clima social positivo en la escuela puede resultar especialmente funcional en la prevención del abuso de drogas.
  • La incidencia en algunos factores transversales tales como las condiciones de vida en el barrio o la distribución del ingreso pueden tener un valor preventivo generalizado, con una repercusión positiva en varios problemas sociales a la vez.  

El análisis de Joseph A. Durlak también permitió identificar una serie de factores protectores comunes, que pueden utilizarse como guía para la intervención:

  1. Normas sociales positivas.
  2. Políticas sociales efectivas.
  3. Escuelas de calidad.
  4. Modelos positivos por parte de los iguales.
  5. Relaciones positivas padres-hijos.
  6. Habilidades sociales y personales.
  7. Autoeficacia.
  8. Apoyo social.

Tanto la preparación del contexto institucional y comunitario como las pautas de socialización familiar tienen un potencial preventivo importante. Los mecanismos de control social y las regulaciones legales reducen las probabilidades de comportamientos problemáticos. Por su parte, la crianza familiar repercute de forma decisiva en un periodo evolutivo crítico, cuya influencia se alarga a lo largo del ciclo vital.

El modelo de riesgo y protección se basa en la acumulación inductiva de evidencias empíricas. No obstante, el análisis transversal en función de diferentes problemas sociales, como muestra el trabajo pionero de Joseph A. Durlak, puede contribuir a la sistematización de dicho conocimiento, así como a una comprensión más abarcadora de las estrategias de prevención efectivas. También ofrece cierto potencial para la integración (o la coordinación) de los diferentes esfuerzos preventivos.

Referencia

Comentario basado en:

  • Durlak, J. A. (1998). Common risk and protective factors in successful prevention programs. American Journal of Orthopsychiatry, 68(4), 512-520. [PubMed]

Las redes de amistad como factor preventivo

Classroom by Lead Beyond (CC BY 2.0)

La integración del análisis de redes en las acciones preventivas

Los programas de prevención que se aplican en contextos educativos suelen influir en la red de relaciones entre iguales, ya sea de forma directa o modificando las normas sociales prevalentes en la escuela. Sin embargo, con frecuencia estos efectos se evalúan agregando los indicadores de nivel individual, en lugar de examinar las redes sociales en dicho entorno comunitario.

Son muchas las intervenciones educativas que inciden en las redes sociales, por ejemplo:

  • Realizar actividades extraescolares, en las que se implican estudiantes de varios niveles educativos, para promover el sentido de comunidad en la escuela.
  • Organizar el tamaño de las clases de modo que se puedan producir relaciones más personalizadas entre los profesores y los estudiantes.
  • Promover la integración de los individuos más aislados.
  • Desarrollar grupos cooperativos de trabajo en los que se facilita la integración de los estudiantes de minorías.
  • Fomentar un clima social positivo que promueva la sociabilidad dentro de la escuela.

En consecuencia, el análisis de redes puede ser útil para analizar dichas dinámicas de nivel comunitario. En lugar de agregar indicadores individuales, es una estrategia que permite caracterizar la estructura de las relaciones en un escenario de interacción específico, como es el caso de la escuela. A ese respecto, Gest et al. (2011) describen dos usos del análisis de redes en la evaluación de los programas preventivos:

  1. Describir las propiedades estructurales de las redes de iguales.
  2. Analizar las dinámicas de selección e influencia en las redes de iguales.

La densidad, la reciprocidad y la transitividad pueden utilizarse como indicadores del grado de integración social existente en una clase o en un colegio. De modo que potencialmente podrían servir para comprobar, por ejemplo, si una intervención para desarrollar competencias socioemocionales en los menores redunda en el desarrollo de relaciones positivas. Por su parte, la existencia de subgrupos se puede utilizar para evaluar el impacto de las intervenciones para reducir la segregación étnica o en función del género. Todos estos indicadores se pueden evaluar con independencia de las actitudes o el comportamiento de los individuos implicados.

Por otro lado, las redes pueden servir para examinar los procesos de selección e influencia. Para ello es necesario examinar la co-determinación de las redes y el comportamiento. Las intervenciones pueden dirigirse a reducir la presencia de un atributo comportamental negativo (como el consumo abusivo de tabaco) o a reducir la influencia social de los individuos que tienen dicho atributo comportamental. Además, la prevalencia de determinados comportamientos en la red de amistad puede ser un indicador indirecto de la norma social. En este contexto, las redes son útiles para modelizar la difusión del comportamiento-problema y diseñar, de acuerdo con ello, estrategias preventivas. Por ejemplo:

  • Intervenciones para reducir la tendencia a elegir compañeros con el comportamiento-problema que se quiere prevenir.
  • Intervenciones para fomentar la capacidad de resistencia a la influencia de los compañeros sobre la ejecución del comportamiento problema.

Tanto los indicadores de centralidad individual como los de similitud comportamental (por ejemplo, con indicadores de homofilia en las relaciones) pueden ser útiles en este ámbito.

En conclusión, el análisis de redes puede permitir ser más precisos en la formulación de los objetivos de las intervenciones que pretenden modificar la estructura de las relaciones de amistad o afectar a las dinámicas comportamentales. Esto puede servir tanto para mejorar los planteamientos teóricos como para evaluar de manera objetiva el efecto de las intervenciones.

Referencia

Comentario basado en:

  • Gest, S. D., Osgood, D. W., Feinberg, M. E., Bierman, K. L., & Moody, J. (2011). Strengthening prevention program theories and evaluations: Contributions from social network analysis. Prevention Science, 12(4), 349-360. [PREV]

Para saber más también puedes consultar:

  • Maya-Jariego, I. (2016). 7 usos del análisis de redes en la intervención comunitaria. Redes. Revista Hispana para el Análisis de Redes Sociales, 27(2), 1-10. [REDES]

De redes personales, servicios sociales y servicios ecosistémicos

Selección de publicaciones del LRPC 2020

En la imagen anterior se recopilan algunas de las publicaciones del Laboratorio de Redes Personales y Comunidades en los últimos meses. Esta selección incluye trabajos sobre la construcción de tipologías estructurales de las redes personales, la utilización de los medios digitales para evaluar los servicios ecosistémicos, la implementación de programas de protección humanitaria, y las estrategias de sostenibilidad financiera de las organizaciones no gubernamentales de servicios sociales. Dos de ellos se pueden consultar a continuación:

  • Maya-Jariego, I. (2021). Building a structural typology of personal networks: individual differences in the cohesion of the interpersonal environment. Social Networks, 64, 173-180. https://doi.org/10.1016/j.socnet.2020.09.006 [SN] [pdf]
  • Maya-Jariego, I., Holgado, D., González-Tinoco, E., Muñoz-Alvis, A. & Ortega, M. (2020). More money, more problems? Resource dependence and professionalization of non-governmental social services organizations in Andalusia. VOLUNTAS. International Journal of Voluntary and Nonprofit Organizations. DOI: 10.1007/s11266-020-00256-z [VOLUNTAS] [pdf]

 


De redes personales

Tres libros de introducción al análisis de redes personales

Uno de los ámbitos que ha experimentado un mayor desarrollo en el análisis de redes sociales en las dos últimas décadas es el estudio de la estructura de las redes personales. Entre otros aspectos, se han desarrollado innovaciones en los generadores de nombres, el procesamiento de datos, el software de análisis y visualización de redes, la integración con las encuestas de población y los modelos estadísticos para analizar muestras de redes personales.

A continuación resumimos, por orden cronológico, las aportaciones de tres manuales que han contribuido a sistematizar el conocimiento generado en los últimos años.

Social Network Analysis for Ego-Nets (2015)

El libro ubica el estudio de las redes personales en el contexto de los métodos mixtos y lo pone en relación con la teoría social:

  • Se inicia con una introducción genérica al análisis de redes y explica cómo las ego-redes también pueden extraerse de las redes sociales completas.
  • Siguiendo la tradición de la Escuela de Manchester, se presenta cómo integrar los datos de redes personales con información cualitativa o con estrategias de comprensión etnográfica.
  • A partir de la evidencia científica, presenta reflexiones interesantes sobre la naturaleza de las relaciones y su dependencia mutua con los contextos de interacción.

Egocentric Network Analysis (2018)

Es un libro con un enfoque eminentemente pragmático. En ocasiones desciende incluso al plano instrumental, con indicaciones de cómo realizar los análisis, o incluso aportando algunas líneas de código.

  • Presenta los conceptos con mucha claridad y los ilustra con una magnífica selección de algunos de los mejores estudios realizados en este ámbito.
  • Explica de manera esclarecedora las diferentes estrategias de análisis para combinar datos egocéntricos y datos sociocéntricos.
  • Con un enfoque sociológico, muestra cómo las redes personales pueden servir para caracterizar los diferentes tipos de sociabilidad y las diferentes formas de vida comunitaria.
  • Describe cómo en el mundo contemporáneo predominan las relaciones seriales, efímeras, a corto plazo, con niveles bajos de compromiso interpersonal.

Conducting Personal Network Research (2019)

Es un libro introductorio al análisis de redes personales que:

  • Explica cómo integrar la recogida y el análisis de los datos relacionales con la investigación mediante encuestas.
  • Presenta de manera sistemática las estrategias para estimar el tamaño de las redes personales.
  • Describe cómo adecuar el análisis estadístico a los datos relacionales, incluyendo los modelos de regresión, los modelos multi-nivel y los modelos longitudinales.

Con estos tres volúmenes se puede tener un panorama comprehensivo y actualizado del estudio de las estructura de las redes personales.


Distancia física, distancia social y prevención

Social distancing by Olivier Cremers (CC BY 2.0)

“I would like to suggest the use of “physical distancing” rather than “social distancing”. As a sociologist I am stunned at the many ways people have overcome social distancing while having to keep a physical distance.” Patrick Kenis, The Economist, April 4, 2020.

Permanecemos socialmente conectados incluso estando separados

Durante la primavera de 2020, se generalizó el uso del término “distancia social” para referirse al mantenimiento de al menos dos metros de distancia con otras personas, con la intención de prevenir la difusión de enfermedades. Sin embargo, la distancia física y la distancia social son diferentes. Dos personas pueden mantener interacción social permanente pese a estar a miles de kilómetros de distancia. Aunque algunas actividades que requieren presencia física se vean afectadas (por ejemplo, colaborar con las tareas del hogar o ayudar en una mudanza), los intercambios de información y de apoyo emocional se pueden mantener en la distancia. Incluso en situaciones de confinamiento, las personas pueden buscar estrategias para mantener el contacto con los vecinos, comunicarse con los familiares que están lejos, o realizar las actividades laborales. Es decir, pueden mantener el contacto social pese a la distancia física.

La cercanía física facilita la formación de relaciones

Sin embargo, que sean diferentes no significa que no estén relacionadas. De hecho, en psicología social está ampliamente contrastado que la proximidad física aumenta las probabilidades de entrar en contacto con otras personas y contribuye a la formación de relaciones. A esta tendencia se le ha denominado el “efecto propincuidad”. Las personas que viven más cerca tienen más posibilidades de establecer un vínculo o incluso de desarrollar una amistad. En los lugares de trabajo también se produce interacción interpersonal frecuente que puede desembocar en la formación de relaciones. La proximidad física igualmente parece asociarse con la probabilidad de tener características similares. En ocasiones la mera exposición continuada se refleja en la atracción interpersonal.

La actividad social nos acerca físicamente

Por otro lado, las oportunidades de proximidad física no se distribuyen aleatoriamente en la población. Existen diferencias individuales junto con una gran variabilidad entre contextos de interacción. Hay individuos que son más activos socialmente o cuya ocupación conlleva un mayor rango de contactos sociales con proximidad física. Por ejemplo, un profesor que tiene clases con 30 estudiantes a diario suele estar por lo general físicamente cerca de un mayor número de personas que un pastor de ovejas que realiza su actividad a campo abierto. También los contextos de interacción determinan en parte la estructura de oportunidades. Como sabemos, un concierto, un espectáculo deportivo o una clase conforman un espacio de cercanía física en el que un conjunto de individuos está expuesto al contacto prolongado.

Cuando la separación física o la distancia social se convierten en herramientas de prevención

Las enfermedades se pueden difundir por contacto físico o por contacto social. En el caso del SIDA, compartir jeringuillas o mantener contactos sexuales sin protección son relaciones sociales de riesgo en la difusión del VIH. Normalmente implican un tipo de relación interpersonal que se puede documentar examinando las redes sociales de los individuos. Sin embargo, en las enfermedades infecciosas causadas por coronavirus es el mero contacto físico el antecedente del contagio. En este segundo caso no es suficiente con analizar las relaciones fuertes que mantiene cada individuo, sino que es necesario trazar las redes de contactos, recopilando información sobre las personas con las que ha tenido proximidad física reciente. (Una vez más: la relación interpersonal suele conllevar con frecuencia proximidad física, pero la cercanía física interpersonal puede darse incluso aunque no haya una relación interpersonal definida).

En la salud y en la enfermedad

Tanto la separación física como la interrupción de relaciones interpersonales pueden utilizarse como estrategias con fines preventivos. El aislamiento de las personas infectadas, y de aquellas otras que han estado expuestas por proximidad física a las anteriores, pretende prevenir la propagación de enfermedades. En los casos más extremos, cuando el contagio está ampliamente extendido, el confinamiento generalizado de la población es una medida drástica para controlar la difusión. Con este tipo de medidas se reducen las oportunidades de proximidad física entre los individuos, o se limitan temporalmente los escenarios en los que participan, ya sea a través del aislamiento hospitalario o de la reclusión en el hogar. También se puede recurrir puntualmente a interrumpir la realización de aquellas actividades que se producen en escenarios con un elevado potencial de proximidad física prolongada (tales como los colegios o los espectáculos deportivos, entre otros).

Social distancing by Tee Cee (CC BY 2.0)


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