Archivo de la categoría: Cohesión comunitaria

Cómo hacer comunidad

Riega las macetas y sonríe…

Tener una conversación informal sin importancia con tus vecinos puede ser bueno para la salud de la comunidad. Algunos estudios recientes muestran que compartir experiencias positivas mejora el estado de ánimo y se relaciona con la capacidad de resiliencia individual. Por eso las fiestas de barrio o las actividades comunitarias ofrecen oportunidades para el encuentro que pueden tener resultados positivos.

Pequeñas acciones contribuyen a construir sentido de comunidad. La cultura popular ha representado este conocimiento en posters y azulejos que enumeran formas en las que se puede ayudar a construir vida de barrio. Por ejemplo, la imagen que acompaña esta entrada menciona entre otros los siguientes:

  • Apaga la tele.
  • Sal de casa.
  • Levanta la cabeza cuando vas andando.
  • Saluda a los vecinos.
  • Compra a los comerciantes locales.
  • Pide ayuda cuando lo necesites.
  • Recoge la basura del suelo.
  • Organiza una fiesta con los vecinos de tu bloque de pisos.
  • Ayuda a transportar objetos pesados en la escalera.
  • Cuida el jardín compartido.
  • Utiliza la biblioteca de tu localidad.
  • Arréglalo aunque no lo hayas roto tú.
  • Lleva a los niños al parque.
  • Apoya a las escuelas del barrio.
  • (…)

Parecen de sentido de común… Esto no significa que no haya acciones que corresponden al Estado o al ayuntamiento y que son determinantes de la calidad de vida en los barrios. Pero estas pequeñas acciones tienen la ventaja de que en gran medida dependen de ti. Completa en los comentarios de más abajo otras formas que crees que pueden contribuir al fortalecimiento de los barrios.

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Factores comunitarios en la resiliencia personal

At the pub, by Giuseppe Milo (CC BY 2.0)

Superando la adversidad

La resiliencia hace referencia a la capacidad de adaptación ante circunstancias adversas. La investigación sobre prevención ha tenido un sesgo hacia los factores de riesgo, pese a que existen evidencias de recursos con valor protector que contribuyen a sobreponerse a las dificultades. También sabemos que resulta fundamental el tipo de interacción del individuo con su entorno ecológico.

En este contexto, la mayor parte de los instrumentos para evaluar la resiliencia se han centrado en las características individuales, sin prestar mucha atención a la calidad de los recursos relacionales. Además, se han enfocado en población infantil, por lo que apenas se han evaluado los factores ecológicos que promueven la adaptación posterior a las experiencias de riesgo entre los adultos.

En un estudio con víctimas de abuso infantil en Irlanda se diseñó una herramienta que tuvo en cuenta las características de los entornos ecológicos con población adulta. Se trataba de un grupo que cuando eran niños (entre los años 1930 y 1970 en Irlanda) habían asistido a escuelas religiosas que se gestionaban de manera autoritaria, implantaban una disciplina muy severa, recurrían al maltrato físico y a la separación de sus familias, y en algunos casos fueron víctimas de abuso sexual. Este tipo de condiciones suele traducirse en problemas de ansiedad, estrés y afecciones psicológicas en el 80 por ciento de los casos.

Sin embargo, siempre hay un porcentaje que se sobrepone a dichas circunstancias. Centrándose en dicho perfil, en este caso se encontraron como factores protectores significativos los siguientes:

  • La cohesión comunitaria,
  • el apoyo familiar,
  • una identidad positiva (niveles elevados de identidad nacional y afiliación colectiva), y
  • las competencias personales.

Los aspectos comunitarios, familiares y de identidad colectiva resultaron muy relevantes en la determinación de la capacidad de resiliencia. Por el contrario, se observaba cierta desvinculación de prácticas espirituales o religiosas.

El concepto de resiliencia ha servido para orientar la intervención hacia recursos positivos, que aumentan las oportunidades de adaptación individual. Es el caso, por ejemplo de la calidad del barrio, la calidad de las escuelas o el sistema de prestación de servicios educativos y de salud. También la calidad de los entornos relacionales, tales como tener relaciones positivas con adultos que actúan de modelos positivos de comportamiento, o tener relaciones pro-sociales con los compañeros.

Para saber más

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