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Experiencias de participación de un psicólogo comunitario

Melissa Mongiat (CC BY-NC-SA 2.0)

Algunas lecciones aprendidas sobre voluntariado, implicación cívica, competencias personales y cohesión local

Durante el último año he participado como voluntario en la sección “pregunte a un asesor” de la Caja de Herramientas Comunitarias. Uno de los temas recurrentes en las preguntas de los usuarios es cómo aumentar la participación de la comunidad. La participación es un valor central de la psicología comunitaria (Chavis & Wandersman, 1990; Dalton, Elias & Wandersman, 2001; Rappaport, 1987; Zimmerman, 2000). Las asociaciones y las organizaciones de base ofrecen oportunidades para desarrollar relaciones, ejercer el compromiso personal con determinadas causas sociales y desplegar diferentes formas de acción colectiva (Christens & Speer, 2011; Florin & Wandersman, 1990; Wandersman & Florin, 2000).

Es habitual que cualquier psicólogo comunitario acumule experiencias de participación a lo largo de su vida personal y profesional. El empoderamiento y la implicación de la comunidad aparecen de manera transversal en todo tipo de iniciativas de cambio social. En mi caso, desde que un grupo de amigos creamos una asociación cultural juvenil, he estado vinculado a diferentes organizaciones comunitarias y asociaciones profesionales. Desde entonces, he estado involucrado en un periódico local, en la financiación de causas comunitarias y en la contribución a una asociación ambiental, por mencionar algunos.

La mayoría de estas experiencias no las he tenido en calidad de psicólogo comunitario. Sin embargo, han resultado fundamentales en mi comprensión de los procesos de organización comunitaria y de las prácticas que promueven la cohesión social. A continuación, desarrollo una breve reflexión personal sobre dichas experiencias. Me detendré en mostrar cómo la participación guarda una relación directa con el desarrollo de competencias personales y mejora la integración comunitaria. Además, veremos varios ejemplos que ilustran cómo la participación efectiva se basa en la persistencia, el desarrollo progresivo de relaciones y la administración de incentivos con los que mantener la implicación a lo largo del tiempo.

La participación como aprendizaje

La primera experiencia de voluntariado en la que recuerdo haber participado consistió en clasificar medicinas que se enviaban a países africanos. Yo tendría unos seis o siete años. Mi madre me llevaba a una asociación de cristianos de base que recogía alimentos y medicinas para remitirlos a iniciativas de cooperación al desarrollo sobre el terreno. La tarea era tan sencilla que podía hacerla un niño. Primero mirábamos la fecha de caducidad para garantizar que la medicación no estaba en mal estado y que todavía tenía unos meses por delante para poder ser utilizada con garantías. Luego separábamos los antibióticos del resto y los organizábamos según una lista de prioridades. Con el tiempo se introdujeron regulaciones en la distribución de medicamentos, con criterios de salud pública y control farmacéutico, que impidieron que esa actividad siguieran haciéndola este tipo de asociaciones. Yo era tan pequeño que clasificar cajas de pastillas y jarabes no dejaba de ser un juego al que dedicaba dos tardes por semana. Sin embargo, aquellas experiencias iniciales de colaboración desinteresada (para atender las necesidades sociales de otras personas a las que yo no conocía), fueron posiblemente, sin saberlo, un antecedente necesario de la participación cívica posterior. Los psicólogos comunitarios sabemos que la participación temprana en acciones de voluntariado predice la implicación comunitaria durante la vida adulta (Guillaume, Jagers & Rivas-Drake, 2015; Lawford & Ramey, 2017).

Años más tarde he coordinado proyectos de cooperación internacional en Colombia y Perú. “Edúcame Primero” es una iniciativa para la prevención del trabajo infantil que normalmente se aplica en colegios, y que consiste en desarrollar acciones psicoeducativas con niños en situación de riesgo psicosocial, junto con sus familias (Maya Jariego & Holgado, 2014; Maya Jariego, 2017). Con la ayuda de becas de formación solidaria de la Universidad de Sevilla, pequeños grupos de estudiantes participaron durante algunos años en la implementación del programa. El voluntariado internacional les proporcionaba una experiencia intercultural y les permitía conocer de primera mano las condiciones de exclusión en los barrios periféricos de las grandes ciudades latinoamericanas. Cuando finalizó el programa en Lima (Perú), visitamos a cada uno de los colegios participantes en el programa para hacerles entrega de un lote de libros de lecturas infantiles, con cuentos y clásicos de la literatura en español. Repartir los libros directamente a los niños para que los colocaran en los anaqueles de la biblioteca del colegio es uno de los momentos más emocionantes que me ha proporcionado la intervención comunitaria. En mi caso me inicié en la lectura cuando era adolescente con una colección de bolsillo con libros de Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y otros clásicos del boom literario hispanoamericano. Repartir libros en algunos colegios de Latinoamérica, es decir llevar literatura de vuelta al otro lado del Atlántico, significaba devolver parte de lo que había recibido. Por eso lo viví como un gesto de gran justicia poética.

Terceros lugares en la comunidad local

Pese a estas incursiones en la cooperación internacional, las iniciativas a las que les he dedicado más tiempo se han desarrollado en el ámbito local. He de decir que esto ha ocurrido con especial intensidad en dos etapas diferentes. A principios de los 1990 fundamos un periódico en Alcalá de Guadaíra, una ciudad de tamaño medio en el entorno metropolitano de Sevilla. “La Voz de Alcalá” surgió como un medio independiente de base comunitaria, en un contexto en el que aparecían los primeros casos importantes de corrupción política en España y considerábamos necesario darle voz a los colectivos con menos poder en la comunidad local. El periódico articuló su línea editorial en torno al valor de la participación ciudadana. Creamos una sección, denominada “Tribuna abierta”, en la que cuatro invitados debatían cada semana sobre un tema de interés local. La combinación de la participación abierta con una amplia representación de la diversidad de puntos de vista contribuyó de manera efectiva al debate público y a generar una visión compartida sobre los problemas locales.

Con una filosofía muy parecida surgió también el “Foro Oromana”, una asociación cultural en cuya creación participé una década más tarde. En este caso la actividad principal consistía en organizar conferencias y debates sobre el modelo de ciudad. El contenido de los encuentros oscilaba desde las sesiones de planeamiento urbano estratégico a las mesas redondas con los candidatos a la alcaldía. El foro ciudadano se definió desde su inicio como “un lugar de encuentro entre alcalareños”. Concebíamos la asociación como un “tercer lugar” (Oldenburg, 1989) en el que los vecinos pudieran reunirse informalmente y mantener una conversación. Este tipo de espacios públicos contribuyen a una vida comunitaria activa, facilitan la conexión entre ciudadanos de diferente ideología o condición, y promueven el sentido de comunidad. En los dos casos –el periódico y el foro-, nos basamos durante un largo periodo meramente en la participación voluntaria. Con el tiempo se institucionalizaron y mejoraron su funcionamiento. Sin embargo, aquellos inicios participativos contribuyeron a formar un núcleo de participantes comprometidos que posiblemente influyeron, junto con otros factores, en que dos o tres décadas después ambas asociaciones aún sigan en activo.

Como puede comprobarse en cualquier escenario local, los estudios comunitarios han puesto de manifiesto que la vida asociativa es un ámbito fundamental de socialización y de transformación personal. Permite desplegar los valores y la conciencia crítica en el plano individual, y es un catalizador del sentido de eficacia colectiva (Chavis & Wandersman, 1990; Florin & Wandersman, 1990).

La transparencia de la participación en comunidades virtuales

También he tenido la oportunidad de implicarme activamente en varias comunidades virtuales, y en momentos puntuales he ejercido de voluntario en línea. Aunque no hay nada “virtual” en la participación online (Cravens & Ellis, 2014), me gusta utilizar, por su valor evocativo, el término que popularizó Howard Rheingold (1993). Durante muchos años he sido administrador de “E-Voluntas”, una lista de correo electrónico en la que participan voluntarios, gestores de voluntariado e investigadores. Empezó a funcionar en 2002, con la intención de “crear un canal iberoamericano sobre voluntariado, sociedad civil e intervención comunitaria”. Los contenidos giraban fundamentalmente en torno al intercambio de experiencias en la región y la sistematización de la práctica del voluntariado. Durante el primer año de funcionamiento, hicimos una traducción participativa de “la guía de voluntariado virtual” (Ellis & Cravens, 2000). Para todos los participantes fue nuestra primera experiencia de voluntariado en línea. Nos permitió explorar el potencial de las tecnologías de la información para la colaboración en red y la movilización ciudadana. Con aquella experiencia pionera no sólo comprobamos que se podía hacer voluntariado a distancia de manera efectiva, sino que también nos reveló el potencial de los espacios virtuales para la acción comunitaria.

Antes de que Twitter, Facebook y WhatsApp transformaran el ecosistema de la comunicación online, algunas listas de correo adquirieron un papel destacado entre las comunidades mediadas por ordenador más activas (Rheingold, 1993, 2000). Los foros virtuales proporcionan un medio transparente, que facilita la observación, la monitorización y el registro del grueso de la interacción que tiene lugar entre sus miembros. Esto hace de ellos, en mi opinión, un buen contexto en el que aprender estrategias de dinamización de grupos y “gestión comunitaria”. Cuando administras una lista de correo caes en la cuenta de que es importante recibir al menos un mensaje por semana, para mantener la atención continuada de los suscriptores. También se hace necesario responder a cualquier contribución, por incipiente que sea, y reforzar los pequeños logros. La participación es un proceso de medio y largo plazo, que requiere persistir en los objetivos. El administrador ejerce un liderazgo que establece el tono inicial en la lista de correo y contribuye decisivamente a la cultura del grupo. Poco a poco se va generando un núcleo de participantes activos que proporciona a los foros efectivos una estructura centro-periferia. El foro alcanza su madurez cuando los miembros de la periferia pasan a reforzar el núcleo activo, de forma que se mantiene la dinámica global incluso cuando alguno de los miembros centrales adopta un rol más pasivo. La acción participativa se caracteriza por su sostenibilidad. Con la interacción prolongada en el tiempo, la historia compartida y el desarrollo del sentido de comunidad, se va generando un sistema de intercambio de apoyo generalizado, basado en la reciprocidad, del que se benefician tanto los participantes como los observadores pasivos. Se convierte, entonces, en un recurso de valor público.

Cómo aumentar la participación

Promover la participación comunitaria es, en definitiva, una tarea muy compleja. Cuando los usuarios de la Caja de Herramientas me preguntan por este tema, evito las respuestas de carácter eminentemente teórico e intento trasladar algunas de las lecciones aprendidas en mi propia experiencia de participación. Las he resumido en la Tabla 1.

Mi recomendación suele consistir en prestar atención a las competencias de los participantes, los escenarios de interacción y la formación de un grupo cohesivo con sentido de pertenencia. Tanto los líderes como las organizaciones tienen un papel fundamental en la participación comunitaria efectiva. Además, los espacios que son capaces de congregar a individuos y colectivos diversos cuentan con un valioso potencial para la construcción comunitaria. Finalmente, se trata de un proceso que se va construyendo progresivamente, a través de una historia compartida por los participantes, y que requiere de una red mínimamente estructurada en la que emerge el sentido psicológico de comunidad (Maya-Jariego, 2004).

Como la participación tiene un valor transversal en la acción comunitaria, las lecciones pueden trasladarse posiblemente a cualquier ámbito, con independencia del problema social o de la población con la que se trabaje. No importa cuál sea el contexto, la participación es un camino largo que se sostiene en la tenacidad, el desarrollo de relaciones personales y la construcción de escenarios compartidos.

REFERENCIAS

Chavis, D. M., & Wandersman, A. (1990). Sense of community in the urban environment: A catalyst for participation and community development. American Journal of Community Psychology, 18(1), 55-81.

Christens, B. D., & Speer, P. W. (2011). Contextual influences on participation in community organizing: A multilevel longitudinal study. American Journal of Community Psychology, 47(3-4), 253-263.

Cravens, J., & Ellis, S. J. (2014). The Last Virtual Volunteering Guidebook: Fully Integrating Online Service into Volunteer Involvement. Philadelphia, PA: Energize.

Dalton, J. H., Elias, M. J., & Wandersman, A. (2001). Community psychology: Linking individuals and communities. Wadsworth/Thomson Learning.

Ellis, S. J., & Cravens, J. (2000). The Virtual Volunteering Guidebook: How to Apply the Principles of Real-World Volunteer Management to Online Service. Impact Online.

Florin, P., & Wandersman, A. (1990). An introduction to citizen participation, voluntary organizations, and community development: Insights for empowerment through research. American Journal of Community Psychology, 18(1), 41-54.

Guillaume, C., Jagers, R., & Rivas-Drake, D. (2015). Middle school as a developmental niche for civic engagement. American Journal of Community Psychology, 56 (3), 321-331

Lawford, H. L., & Ramey, H. L. (2017). Predictors of Early Community Involvement: Advancing the Self and Caring for Others. American Journal of Community Psychology, 59(1-2), 133-143.

Maya-Jariego, I. (2004). Sentido de comunidad y potenciación comunitaria. Apuntes de Psicología, 22(2), 187-211.

Maya-Jariego, I. (2017), “But We Want to Work”: The Movement of Child Workers in Peru and the Actions for Reducing Child Labor. American Journal of Community Psychology, 60: 430–438. doi:10.1002/ajcp.12180

Maya-Jariego, I. & Holgado, D. (2014). From Barranquilla to Lima in Reducing Child Labor: Lessons in Community Action. Global Journal of Community Psychology Practice, 5 (2), 1-6.

Oldenburg, R. (1989). The great good place: Café, coffee shops, community centers, beauty parlors, general stores, bars, hangouts, and how they get you through the day. Paragon House Publishers.

Rappaport, J. (1987). Terms of empowerment/exemplars of prevention: Toward a theory for community psychology. American Journal of Community Psychology, 15(2), 121-148.

Rheingold, H. (1993). The virtual community: Finding connection in a computerized world. Reading, MA: Addison-Wesley Longman Publishing.

Rheingold, H. (2000). The virtual community: Homesteading on the electronic frontier. Cambridge, MA: MIT press.

Wandersman, A., & Florin, P. (2000). Citizen participation and community organizations. In Handbook of Community Psychology (pp. 247-272). Springer US.

Zimmerman, M. A. (2000). Empowerment theory. In Handbook of community psychology (pp. 43-63). Springer US.

Para citar este artículo

Este artículo ha sido publicado en la sección “From Our Members” de The Community Psychologist. Por favor, utilice la siguiente referencia:

  • Maya-Jariego, I. (2018). Participation experiences of a community psychologist: Lessons learned about volunteering, civic involvement, personal competencies and local cohesion. The Community Psychologist, 51(2), 26-29.

Descarga el artículo original en el siguiente enlace: [pdf]

 

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Filantropía, donaciones y voluntariado en México

Reseña de:

Butcher García-Colín, Jacqueline (Ed.). (2017). Generosidad en México II: Fuentes, cauces y destinos. Editorial Porrúa, México.

Generosidad en México

En septiembre de 2017 México vivió uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente. Un sismo de 7.1 grados en la escala de Richter provocó graves daños materiales y 369 muertos. Los ciudadanos se organizaron de manera espontánea para responder a la catástrofe. Muchos participaron en la retirada de escombros o se auto-organizaron para señalizar el tráfico y repartir víveres. Estos hechos dan cuenta del potencial de la sociedad mexicana para la solidaridad y la ayuda mutua. Son un ejemplo de las capacidades comunitarias que emergen ante circunstancias adversas, como es el caso de los desastres naturales. Sin embargo, paradójicamente, ocurren en un contexto con una cultura filantrópica incipiente; con poco desarrollo institucional de la acción voluntaria organizada; en un clima de desconfianza, y a veces conflicto, de la sociedad civil hacia el gobierno; y en un entorno legal complejo, que plantea grandes dificultades de funcionamiento a las organizaciones sin fines de lucro. De ahí la pertinencia de evaluar de una manera realista y objetiva las peculiaridades de las donaciones, el voluntariado y la filantropía en este país.

El libro Generosidad en México II es un análisis de las iniciativas de filantropía y voluntariado en México, con especial atención a las donaciones y a las organizaciones de la sociedad civil. El volumen, impulsado por el Centro de Investigación y Estudios sobre Sociedad Civil (CIESC), es una colección de capítulos escritos por diversos especialistas con el propósito de informar sobre “los donativos en tiempo, dinero y especie que los mexicanos aportan a su comunidad de manera individual o a través de las diversas entidades donantes que existen en el país” (p. 8). Entre otros temas, dedica capítulos específicos a la filantropía individual, las acciones de voluntariado, las fundaciones donantes y la filantropía transfronteriza de Estados Unidos a México.

El CIESC pretende generar este tipo de datos de manera continua, de modo que se convierta en una fuente de referencia sobre el Tercer Sector en México. De hecho, este libro actualiza los datos de un estudio similar, con el mismo título, publicado en 2013, de modo que introduce algunas primeras comparaciones sobre la evolución en el tiempo de las prácticas de solidaridad en el país. El informe es una herramienta para mejorar la transparencia en el sector. Para ello recopila, dimensiona y analiza las iniciativas de la sociedad civil que son una fuente de transformación social, en complementariedad con los esfuerzos gubernamentales.

Jacqueline Butcher define el donativo como aquella “provisión voluntaria y libre de recursos de cualquier índole en beneficio de terceros fuera del círculo familiar para el beneficio de la sociedad” (p. 18). La contribución principal de esta investigación consiste precisamente en medir las dimensiones de dicha realidad en México, aportando cifras sobre los donativos monetarios por parte de fuentes privadas y sobre la participación voluntaria organizada.

El foco central del libro son las aportaciones monetarias, ya sea a través de donaciones individuales (Capítulo 1) o de organizaciones donantes (Capítulos 3 y 4). Con datos de una encuesta representativa, se pone de manifiesto que más de la mitad de los mexicanos realizaron algún tipo de donación monetaria en el último año, en la mayoría de los casos en la forma de ayuda directa en la calle. La probabilidad de donar es mayor entre aquellas personas que tienen hijos, que tienen una historia previa de participación voluntaria o que han sido receptores de recursos en el pasado. Por lo que respecta a las organizaciones, más de la mitad están localizadas en la Ciudad de México y predominan las fundaciones empresariales y privadas. La ayuda se destina preferentemente a financiar programas educativos y servicios humanos.

La participación voluntaria en acciones de solidaridad está ampliamente extendida en la población mexicana (Capítulo 2). Más del 80 por ciento de los mexicanos participó en alguna acción voluntaria organizada en el último año. Este tipo de actividades se realizan en su mayoría en un contexto colectivo, ya sea a través de instituciones que disponen de un local o en agrupaciones informales de amigos. Los destinarios de la colaboración suelen ser la escuela, la iglesia y el barrio (p. 116). A juicio de los autores, estos datos se corresponden con una “larga historia” de solidaridad, ayuda mutua y participación comunitaria en México (p. 17).

El Capítulo 6 proporciona un elemento de contraste, puesto que se centra en la filantropía transfronteriza desde Estados Unidos a México. Se trata de intercambios que abarcan desde las remesas de los inmigrantes mexicanos a la ayuda oficial al desarrollo, pasando por las fundaciones de carácter comunitario. A diferencia de las donaciones locales, que se centran en la prestación de servicios sociales y educativos, la cooperación transfronteriza se concentra en programas para la defensa de los derechos humanos y la protección del medio ambiente. En este contexto, el apoyo a la agricultura ha sido uno de los enfoques tradicionales en la relación de los Estados Unidos con México. De hecho, casi desde la Revolución Mexicana ha sido una de las líneas de cooperación de la Fundación Rockefeller (Fitzgerald, 1986, citado en p. 290); y actualmente, uno de los donantes estadounidense más significativo según el volumen de donaciones es la Bill & Melinda Gates Foundation, que destina recursos especialmente al Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). No obstante, Estados Unidos es el segundo donante en la cooperación internacional con México, por detrás de Alemania (p. 296-297).

En su conjunto, el libro proporciona una descripción genérica de las donaciones solidarias en México. Los datos muestran una sociedad mexicana que colabora ampliamente en acciones de voluntariado y participación comunitaria, destacando entre otros los programas educativos y las iniciativas que tienen como contexto de referencia la escuela. Con cierta frecuencia estas acciones ocurren de manera puntual e informal, es decir, pese a las dificultades institucionales con las que se encuentra la acción filantrópica organizada. Las fundaciones empresariales tienen un papel relevante en las donaciones monetarias, en un escenario en el que la ayuda suele estar bastante concentrada tanto por el número de organizaciones implicadas como por la distribución geográfica de las mismas.

La Generosidad en México es el segundo volumen de una serie que puede ayudar a conocer de manera objetiva el alcance del voluntariado y la filantropía en México, e indirectamente a promover la solidaridad organizada en el país.

Referencias

Fitzgerald, D. (1986). Exporting American Agriculture: The Rockefeller Foundation in Mexico, 1943-53. Social Studies of Science, 16(3), 457-483.

Para citar esta reseña:

Maya-Jariego, I. (2018). Book review of Generosidad en México II. Fuentes, cauces y destinos by Jacqueline Butcher. Voluntas. International Journal of Voluntary and Nonprofit Organizations. DOI: 10.1007/s11266-017-9930-5


Empatía, iniciativa y participación comunitaria en adolescentes

Community Eye Health, Victoria Francis (CC BY-NC 2.0)

Predictores de implicación comunitaria temprana

La implicación comunitaria temprana predice la participación cívica y el voluntariado durante la vida adulta. La implicación de los adolescentes y jóvenes resulta beneficiosa además tanto individualmente como a nivel comunitario.

Un estudio reciente con adolescentes y jóvenes adultos muestra que tanto el interés en mejorar personalmente como la motivación de cuidar a los demás se relacionan con una mayor implicación comunitaria entre los más jóvenes. Entre otras observaciones, se indica que:

  • La empatía, la capacidad de iniciativa y la autoestima se relacionan positivamente con la preocupación por las generaciones futuras (o “generatividad”). (La iniciativa es la habilidad de estar motivado, manteniendo la intención y el esfuerzo hacia una meta).
  • La participación en actividades vecinales y de voluntariado contribuye al desarrollo positivo de los jóvenes.
  • La “generatividad” se asocia con mayor capacidad de auto-regulación y auto-eficacia durante la adolescencia, y es un antecedente directo de la implicación comunitaria.

Desde el punto de vista de la intervención se recomienda la implementación de programas que fomenten la iniciativa y la empatía durante la adolescencia.

Referencia

  • Lawford, H. L., & Ramey, H. L. (2017). Predictors of Early Community Involvement: Advancing the Self and Caring for Others. American Journal of Community Psychology, 59(1-2), 133-143. [AJCP]

La participación como aprendizaje

La participación en general y el voluntariado en particular proporcionan una experiencia transformadora. La implicación temprana en iniciativas ciudadanas y en acciones de colaboración con la comunidad permiten el desarrollo de competencias y valores que se traducen en una mayor participación comunitaria durante la vida adulta. En cualquier caso, el proceso de aprendizaje no termina con la adolescencia. La vida asociativa sigue siendo uno de los ámbitos fundamentales de socialización durante la vida adulta y, en su caso, de transformación personal. Estos son algunos de los ámbitos en los que se pueden desplegar las competencias de participación:

  • Coaliciones comunitarias.
  • Campañas de concienciación ciudadana.
  • Iniciativas de acción social.
  • Experiencias de desarrollo comunitario.
  • Actividades de consultoría organizativa.
  • Diseño y desarrollo de contextos alternativos, grupos de auto-ayuda…
  • Usos de tecnologías para la acción social.

Conclusiones similares se extraían en el XIX Congreso Estatal de Voluntariado que se celebró en Sevilla en noviembre:


Qué es el Tercer Sector

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Daniel Villar Onrubia (CC BY-NC-SA 2.0)

Más allá de las organizaciones sin ánimo de lucro

El Tercer Sector se ha definido tradicionalmente como aquel espacio social que no corresponde al mercado, al estado ni al hogar familiar:

  • A diferencia del estado, es privado.
  • A diferencia del mercado, sirven al bien común.
  • A diferencia de las familias, la participación en el mismo implica una forma de libre elección.

Esta definición abstracta reconoce potencialmente una gran diversidad de actores y formas de participación. Una forma de delimitarlo ha consistido en centrarse en las asociaciones, las fundaciones, las donaciones y el voluntariado. Pero incluso centrándose en las organizaciones de la sociedad civil, no son claras las fronteras del concepto, puesto que muchas entidades funcionan fundamentalmente con financiación pública o son formas de economía social.

Salamon y Sokolowski han realizado recientemente un intento de construir una conceptualización del tercer sector en un proyecto de comparación internacional de las organizaciones de la sociedad civil. La definición pretende generar una visión de consenso, que identifique un núcleo común en diferentes países sobre la idea de tercer sector, y que pueda ser utilizada de manera operativa.

El concepto de tercer sector que se utiliza en Europa muestra una gran diversidad entre países: por ejemplo, en Reino Unido se centra de modo restrictivo en las entidades sin ánimo de lucro, mientras que en Francia, Bélgica y el sur de Europa (España, Portugal, Italia y Grecia), el concepto es más amplio e incluye diversas formas de economía social. Sin embargo, hay una serie de elementos comunes que facilitan el consenso en la definición:

  • Hay un amplio acuerdo en tres características compartidas por el tercer sector: (a) es de carácter privado, (b) con fines públicos, y (c) se basa en la libre elección, es una acción voluntaria.
  • Se incluye a las organizaciones sin ánimo de lucro. Son privadas y autónomas, no reparten beneficios, y participar en ellas no es obligatorio.
  • Aunque las entidades sin ánimo de lucro componen el núcleo central, está abierta a las cooperativas y las mutuas, entre otras formas de economía social. También las empresas sociales.
  • Además, no se limita a las organizaciones de la sociedad civil, sino que también incluye acciones individuales, tales como el voluntariado y la participación en movimientos sociales.

Para formular una definición operativa, en este caso se asume que no todas las cooperativas, mutuas, empresas sociales o actividades individuales son Tercer Sector, en la medida en que en algunos casos caen del lado del mercado, el estado o el espacio doméstico. Este trabajo proporciona unas pautas operativas muy claras para valorar qué entidades y experiencias pueden formar parte del tercer sector. Es un artículo de obligada lectura para clarificar las formas de participación comunitaria que caben dentro del concepto de “Tercer Sector”.

Comentario basado en:

Salamon, L. M. & Sokolowski, S. W. (2016). Beyond Nonprofits: Re-conceptualizing the Third Sector. Voluntas. International Journal of Voluntary and Nonprofits Organizations, 27, 1515–1545. DOI 10.1007/s11266-016-9726-z


Paseos por San Pablo y el Casco Histórico

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Paseos

Jane’s Walk organiza el próximo fin de semana sendos paseos por barrios de Sevilla, con el enfoque participativo habitual. Los vecinos se implican en narrar su propio entorno y el desarrollo de redes entre los participantes.

No pases de tu barrio

  • “No pases de tu barrio” es un paseo organizado por el Polígono San Pablo en el que participan algunas de las entidades con arraigo en esta zona:  la Asociación Scout Inti-Raymi, la Asociación 15M, la Peña Flamenca o la Asociacion de Vecinos Raíces, entre otras. Los participantes realizarán un mapeo colectivo detectando necesidades y aspiraciones de los residentes en el barrio.

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También está previsto realizar pronto un paseo por los Tres Barrios y Amate.

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El movimiento de pobladores en el Perú

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PERU

Asentamientos humanos y participación comunitaria

Los “asentamientos humanos” son barrios que se han ido formando en la periferia de Lima a lo largo de décadas como consecuencia del desplazamiento de población. Normalmente se trata de asentamientos irregulares en terrenos propiedad del estado, o en algunos casos privados. Tanto el desplazamiento forzado por la violencia política (especialmente en los años en que estuvo más activo Sendero Luminoso), como la emigración del campo a la ciudad (especialmente desde zonas andinas) han hecho que Lima crezca de forma exponencial en las últimas décadas, convirtiéndola en una de las ciudades más pobladas de América Latina.

Los barrios resultantes se ubican en los arenales que rodean el núcleo urbano, o en las laderas de las colinas en torno a la ciudad. Normalmente son barriadas de viviendas construidas con materiales temporales, y que en muchos casos carecen de los servicios básicos de agua, electricidad o carreteras asfaltadas. Es frecuente encontrar problemas de hacinamiento y de infravivienda. Las condiciones de vida son difíciles y muchos residentes usan dicho espacio como ciudad-dormitorio, pues se desplazan durante horas para trabajar en otras partes de Lima: generalmente, el centro y las zonas industriales.

Competencias comunitarias

Sin embargo, estas comunidades han mostrado también capacidades y recursos:

  • El origen en los desplazamientos de población hace que en ocasiones haya relaciones informales previas entre una parte de los residentes.
  • La auto-construcción de las casas ha dado lugar a formas de auto-organización, como la planificación urbana de modo autogestionario.
  • La necesidad de reivindicar servicios urbanos a la municipalidad ha llevado a la emergencia de líderes comunitarios y a ciertas prácticas de participación comunitaria.

Las asociaciones de pobladores han surgido como formas de organización de los residentes en la ocupación de las tierras y en la solicitud del reconocimiento oficial de los asentamientos. Los locales comunales, los clubes de madres, las fiestas de captación fondos y las pequeñas iglesias han ido dando respuesta a las necesidades de vinculación en la comunidad.

Para saber más

Meneses, M. (1998). La utopía urbana. El movimiento de pobladores en el Perú. Lima: Editorial Brandon.


Rochelambert para guiris

RocheGlobal Experience Office in Jane’s Walk

Los paseos comunitarios Jane’s Walks son una invitación a “explorar la ciudad, conectar con vecinos y contar historias sobre tu comunidad”. El 11 de mayo, un grupo de estudiantes de la Northeastern University (Boston, Estados Unidos) realizó una visita guiada a Rochelambert, experimentando con la confluencia de miradas del turista y el etnográfo. “Como en La tesis de Nancy, lo que para un turista es un problema de comunicación personal para un etnógrafo es una ‘lección aprendida'”.

Un barrio habitable con estabilidad residencial

IMG-20160512-WA0006La primera parada fue en la Inmobiliaria Gallo, donde José contó la historia y la evolución urbana de la zona. Rochelambert se construyó en los años 1970 en una zona de campo. La constructora Urbis desarrolló una promoción de viviendas sociales. “Fue una de las primeras zonas de Sevilla en la que se empezó a construir una ciudad diferente, con calles anchas, zonas peatonales, aparcamientos, bloques armoniosos… Hasta entonces teníamos la herencia de la ciudad feudal, con calles estrechas y una normativa antigua sobre la construcción de viviendas”. Rochelambert ocupa 180.000 metros cuadrados, con unas 4.000 viviendas, en su mayoría para familias, con 3 o 4 dormitorios.

El barrio tiene bastante estabilidad. Una gran parte de los primeros ocupantes siguen residiendo en la zona, después de 30 o 40 años, e incluso “vuelven a Rochelambert los nacidos aquí, después de haber vivido fuera por un tiempo”. En sus inicios hubo movimientos asociativos y vecinales bastante activos, “tanto de grupos cristianos como de vecinos que se organizaron en contra de un pararrayos radioactivo”. El barrio tiene buenas insfraestructuras y las paradas del Metro “nos han puesto en el centro de la ciudad”.

Participación, relaciones personales y capacidad de resistencia

IMG-20160512-WA0004Pese a que en algún momento se ha transmitido una imagen distorsionada de Rochelambert, los vecinos son conscientes de las fortalezas del barrio y de su capacidad de resistencia. En la Asociación de Vecinos Al-Quivir mostraron fotografías de las actividades culturales, los jardines comunitarios y las acciones de mejora del barrio que se han llevado a cabo en los últimos años. Loli Morales, presidenta de la asociación, indicó que “el barrio ha ido envejeciendo y se hace necesario ir renovando las infraestructuras. Los vecinos siempre están pendientes de reivindicar reparaciones y están atentos a que se cuide el entorno”. Por su parte, el grupo parroquial Paz y Misericordia presentó la actividad de recogida de alimentos con la colaboración de comerciantes y vecinos, y comentó la importancia simbólica de la hermandad para los residentes en el barrio. También se visitaron algunos de los puntos de encuentro del barrio, una función que cumplen las zonas peatonales, el mercado o los parques infantiles.

IMG-20160512-WA0003José Antonio contó la experiencia de un movimiento vecinal que se opuso a la construcción de un parking subterráneo y consiguió parar la iniciativa: “aquí tenemos 300 aparcamientos en superficie y los vecinos no veían la necesidad de construir un parking. El ayuntamiento y una promotora decidieron construir un aparcamiento subterráneo, junto con un edificio, sin consultar a los vecinos. Nosotros no vimos la necesidad, porque al final nos supondría pagar por una plaza de parking en un sitio en el que ya teníamos aparcamiento. Así que nos organizamos. Con la participación de los presidentes de comunidad en cada bloque nos coordinamos; cada vecino empezó a pagar un euro al mes para los gastos de carteles, desplazamiento y abogados; como pensábamos que las gruas vendrían de madrugada, hacíamos patrullas durante la noche… La prensa se hizo eco y tuvimos claro que esta batalla iba a ser ganada, que las cosas no se imponen… Creo que en eso fue importante contar en el barrio con gente que había vivido la transición de la dictadura a la democracia y sabía de la importancia de la participación política. La lucha duró cinco meses, y al final conseguimos parar el parking. Desde entonces mantenemos la amistad, porque aquello nos unió mucho”.

Políticas públicas y desarrollo comunitario

IMG-20160512-WA0002El recorrido terminó en el Centro de Salud Amate. En el caso de Rochelambert se constata la importancia de la participación comunitaria de una parte de los vecinos desde los orígenes del barrio, la existencia de zonas comunes y un fuerte sentido de comunidad. También se hizo referencia a las políticas públicas de salud y bienestar, o los desarrollos recientes del carril bici y el Metro. Finalmente, las participantes -estudiantes norteamericanas- compartieron sus impresiones sobre el paseo comunitario en Rochelambert:

  • “Me ha gustado ver que los vecinos están orgullosos de su comunidad, de su barrio, y que los que participan en la asociación de vecinos están felices de participar”.
  • “Hemos andado relativamente poco, pero todos los servicios estaban aquí: los colegios, los centros de salud, la asociación de vecinos. Eso es impensable en muchas ciudades de Estados Unidos. En la organización urbana es importante que los servicios estén distribuidos en las comunidades, descentralizados”.
  • “A mi me ha interesado comprobar que igual en España, que en China o en Francia, la gente se organiza cuando tiene un problema o simplemente para cubrir sus necesidades”.
  • “Los más jóvenes se van, pero luego vuelven, porque están conectados con el barrio. Las generaciones de los más mayores tienen unos valores de implicación cívica y un sentido de comunidad que sigue trayendo a los jóvenes de vuelta”.
  • “Yo me he quedado con la importancia de los espacios comunes como valor”.
  • “Es interesante que diferentes organizaciones, como la iglesia y las asociaciones, colaboran y hacen cosas juntos”.
  • “En un barrio hay muchas perspectivas, cada uno ve las cosas desde su experiencia personal, pero finalmente todos pueden contribuir a conseguir las metas aportando su bagaje”.
  • “Un barrio no viene dictado por el beneficio económico y eso es algo que tienen que saber las empresas inmobiliarias y los planificadores urbanos”.
  • “En la asociación dijeron que no tienen afiliación política y eso me llamó la atención, porque en Estados Unidos es común encontrar una declaración partidista por parte de las entidades vecinales”.
  • “Mi impresión es que en este barrio se respira vida comunitaria, que hay reacción de algunos grupos de ciudadanos cuando les quieren imponer un parking o una visión distorsionada del barrio, y que tienen bastante presencia las tradiciones y los valores católicos”.
  • “Sí, es curioso que cuando en el resto del mundo estamos pensando en más coches y en miles de kilómetros de carreteras, hay gente que lo que quiere es mantener sus valores y su cultura”.
  • “Creo que hay un sentido de familia, de unidad, una mentalidad en la que es importante proteger tu propio espacio, respetarlo, y conservar el entorno en el que vives“.
  • “Me han inspirado las fotos de la asociación sobre las reformas en el barrio, porque muestran que se pueden hacer cosas, que se puede ser productivo, que es posible cuando te unes con otros y trabajas por metas comunes”.
  • “Cuando piensas en una ciudad, al final lo que importan son las necesidades de la gente“.
  • “En la asociación hemos visto varias mujeres, porque las mujeres son constructuras de comunidad“.

El Foro Oromana como tercer lugar

image001“El Foro Oromana es una asociación que pretende promover el debate democrático, la participación comunitaria y la sociedad civil en y desde Alcalá de Guadaíra”.

El Foro Oromana se ha caracterizado desde su fundación en 2002 por (a) ofrecer oportunidades para el debate reflexivo sobre Alcalá y temas de interés general; (b) proporcionar un lugar de encuentro de carácter transversal, donde pueden converger diversos puntos de vista; y (c) por un clima humano excelente.

Forzando el paralelismo, podríamos compararlo con lo que Ray Oldenburg definió como “terceros lugares”. Son espacios públicos, diferentes al hogar o al lugar de trabajo, donde la gente puede reunirse informalmente y mantener una conversación. Pueden ser un café, una librería, una zona de mercadillo o incluso una peluquería. Normalmente son sitios agradables, donde hay comida y bebida, y se puede mantener una conversación. Estos espacios son esenciales en la existencia de una vida comunitaria activa o incluso sirven como fundamento de la vida democrática.

Los terceros lugares:

  • (a) contribuyen a la cohesión de la comunidad, puesto que permiten a los residentes relacionarse entre sí,
  • (b) sirven para la asimilación de los recién llegados,
  • (c) permiten reunirse a gente con intereses diversos, que de otra forma no se encontrarían,
  • (d) son sitios de encuentro en situaciones de emergencia,
  • (e) facilitan que emerjan personajes populares, que son conocidos por todos y se preocupan por el vecindario,
  • (f) son un espacio de encuentro intergeneracional,
  • (g) funcionan como las “sociedades de ayuda mutua”, facilitando el intercambio de recursos y apoyo,
  • (h) proporcionan un clima festivo y de amistad,
  • (i) promueven el sentido de pertenencia en la comunidad,
  • (j) son foros de debate político e intelectual, y
  • (k) hacen las veces de oficinas informales, en los que la gente es más localizable.

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