Archivo de la categoría: Barrios

Comunidad y diversidad

DryHundredFear, Silent Diversity  (CC BY 2.0)

DryHundredFear, Silent Diversity (CC BY 2.0)

Diversidad y sentido de comunidad son valores centrales de la psicología comunitaria. La intervención en barrios suele promover tanto la cohesión social como el respeto de las minorías. Sin embargo, entre ambos parece darse una relación dialéctica, de modo que potenciar simultáneamente el sentido de comunidad y el respeto por la diversidad constituye una paradoja de los psicólogos comunitarios:

  • Por un lado, los barrios residencialmente integrados promueven el respeto a las minorías en mayor medida que los barrios segregados. Bajo determinadas condiciones, las oportunidades de interacción entre colectivos diversos reducen los prejuicios y la violencia entre grupos.
  • Por su parte, las redes personales densas se asocian con el sentido de pertenencia al barrio en mayor medida que las redes fragmentadas y dispersas. La homogeneidad demográfica puede asociarse con mayores niveles de cohesión social.

En consecuencia, se da una relación inversa entre las condiciones que promueven la diversidad y las que promueven el sentido de comunidad.

Zachary P. Neal y Jennifer W. Neal desarrollaron un modelo de simulación precisamente para comprobar que la relación negativa entre diversidad y sentido de comunidad suele darse de forma natural en los barrios siempre que se definan dos tendencias en la formación de relaciones: (1) la homofilia (o tendencia a forjar relaciones entre personas similares) y (2) la proximidad (o tendencia a forjar relaciones con los que viven cerca).

Por el contrario, en el Modelo Basado en Agentes (ABM) de dicho estudio, esta relación inversa solamente no se observó bajo condiciones de interacción poco realistas en entornos naturales.

De este estudio pueden derivarse al menos dos conclusiones para la práctica de la intervención comunitaria:

  • Los valores centrales se complementan entre sí: se hace necesario asumir dicha tensión dialéctica para equilibrar adecuadamente las aspiraciones de la intervención comunitaria.
  • La potenciación excesiva del sentido unitario de comunidad puede traducirse en prácticas excluyentes o falta de tolerancia a las minorías. Los múltiples sentidos de comunidad y las identidades transversales constituyen una realidad más compleja, y también más compatible con el respeto a la diversidad.

Referencia del artículo:

Neal, Z. P. & Neal, J. W. (2014). The (In)compatibility of Diversity and Sense of Community. American Journal of Community Psychology, 53, (1-2), 1-12. [AJCP]

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Barrios rurales y agresión infantil

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Ian Sane (CC BY 2.0)

El comportamiento de agresión física durante la infancia es un factor de riesgo del fracaso escolar, los problemas de salud mental y las probabilidades de implicarse en actos delictivos durante la adultez.

Un estudio reciente analizó el efecto del barrio en el comportamiento agresivo en pre-adolescentes de una comunidad rural. En los contextos rurales parece haber menos incidencia de la delincuencia que en entornos urbanos. Además, las fuertes relaciones entre familias parecen frenar las dinámicas de contagio del comportamiento agresivo. Sin embargo, las dificultades para acceder a recursos sociales y la emigración de adultos que pueden ejercer de modelos positivos de comportamiento, constituyen factores de riesgo específicos.

La investigación sirvió para demostrar tres maneras diferentes en las que el barrio influye en el comportamiento:

  • La relación directa con amigos con comportamientos violentos. El grupo de amigos constituye un microsistema muy importante en la socialización de los adolescentes. La interacción continuada con iguales genera un impacto inmediato en su comportamiento.
  • El contagio de los comportamientos violentos prevalentes en el barrio. Estar expuesto a comportamientos negativos en el barrio genera procesos de “contagio” o difusión a través de mecanismos de aprendizaje social. De hecho, los niveles de delincuencia en el barrio suelen asociarse positivamente con la prevalencia de la agresión en niños.
  • El impacto indirecto en los estilos educativos de los padres. Cuando los padres o los cuidadores son conscientes de la extensión de los problemas de comportamiento en el barrio –tales como la pertenencia a bandas, el tráfico de drogas y otros actos delictivos-, tienden a reducir los estilos de socialización positivos. Por tanto, el barrio también afecta a los mecanismos de control social.

Barrios y comportamiento

Los barrios son entornos meso-sociales con efectos directos e indirectos sobre el comportamiento individual. Ponen en marcha mecanismos de control social, aprendizaje vicario y normas sociales de comportamiento. Entre otras dinámicas, pueden influir a través de:

  1. Las oportunidades disponibles para los residentes. Por ejemplo, en los barrios desfavorecidos, con una alta prevalencia del desempleo y escasos ingresos familiares, son más frecuentes los problemas de conducta, los embarazos adolescentes y la delincuencia juvenil.
  2. Los estresores a los que está expuesta la población. La contaminación, el ruido del tráfico o el hacinamiento afecta a la salud de la población y se relaciona también con las dificultades de aprendizaje.
  3. Las normas de comportamiento prevalentes en entorno. El vandalismo, la exposición a la violencia, la presencia de bandas y el tráfico de drogas se relacionan con la prevalencia de estrés postraumático, depresión y problemas de conducta, entre otros.
  4. Los recursos disponibles en la comunidad. El sentido de comunidad, las relaciones de apoyo y la existencia de un porcentaje amplio de residentes de larga duración funcionan como recursos protectores, con impacto positivo en la comunidad.

Referencia del artículo:

Bowen, N.K. & Wretman, C. J. (2014). Rural Neighborhoods and Child Aggression. American Journal of Community Psychology, 54, 304-3015. [AJCP]


Barrios, violencia indirecta y salud mental

Daniel Kulinski (CC BY-NC-SA 2.0)

Daniel Kulinski (CC BY-NC-SA 2.0)

La violencia es la primera causa de muerte entre los jóvenes de la población negra en Estados Unidos. Además, estar expuesto a la violencia en el barrio de residencia se relaciona con problemas de salud mental, estrés postraumático y problemas de conducta. De acuerdo con los estudios epidemiológicos, la mitad de los jóvenes de barrios pobres en Estados Unidos han sido testigos de la violencia y más de dos tercios han escuchado hablar de incidentes violentos.

Pese a que la prevalencia de la violencia en el barrio tiene en general un impacto en la salud mental de los residentes, esta es mayor mientras más cercana sea la experiencia de la misma. Por ejemplo, la violencia indirecta contra familiares es más perjudicial que la violencia contra extraños; igual que ser testigo de la violencia es un factor de riesgo más fuerte que escuchar hablar sobre la violencia que tiene lugar en el barrio.

Tipos de violencia y roles de género

Un estudio reciente comprobó el impacto diferencial en chicos y chicas de la exposición directa o indirecta a la violencia. La investigación se llevó a cabo con los usuarios de un programa para jóvenes con problemas de conducta en Chicago, y contó con la participación de un padre o tutor de cada joven. Los resultados mostraron el papel moderador del género. Concretamente:

  1. Haber sido víctima directa de la violencia es un factor de riesgo para la salud mental de los jóvenes, con independencia del género, y se asocia significativamente con síntomas de estrés postraumático.
  2. Sin embargo, la exposición indirecta a la violencia –especialmente cuando se trata de miembros de la propia familia- sólo fue un riesgo significativo para la salud mental de las niñas.

Estos resultados pueden relacionarse con la diferenciación de los roles de género: las chicas suelen estar más sujetas al control y la supervisión parental, y es más probable que tengan el papel de cuidadoras en la familia.

Resulta de interés añadir que la supervisión parental suele reducirse progresivamente a medida que los hijos crecen y que el descenso es más acusado cuando los jóvenes están expuestos a la violencia de manera consistente en los barrios desfavorecidos, especialmente en el caso de los chicos.

Implicaciones para la intervención

  • La evaluación clínica debe tomar en consideración las experiencias vicarias de violencia, especialmente en contextos de exclusión social.
  • Debe prestarse especial atención a los barrios desfavorecidos, donde son más probables este tipo de problemas, lo cual aumenta la probabilidad no sólo de ser víctima directa sino de ser testigo de incidentes violentos o incluso estar expuesto a la normalización de la violencia.
  • También se recomienda centrarse en estrategias de resiliencia de carácter compensatorio para los jóvenes en estos contextos.

Referencia del artículo:

Javdani, S., Abdul-Adil, J., Suarez, L., Nichols, S.R., Farmer, A.D. (2014). Gender Differences in the Effects of Community Violence on Mental Health Outcomes in a Sample of Low-Income Youth Receiving Psychiatric Care. American Journal of Community Psychology, 53 (3-4), 235-248. [AJCP]


Regreso al futuro: el perfil del psicólogo comunitario y de la intervención social

IMG_7760iLos orígenes de la psicología comunitaria están asociados a la transformación de los servicios de salud mental. En Estados Unidos los centros de salud mental comunitaria empiezan a poner un mayor énfasis en la prevención y en la actuación en barrios y comunidades en la década de los 1960. Se ponen en marcha estrategias de promoción y organización comunitaria, se desarrollan contextos alternativos e iniciativas de auto-ayuda, se extienden las dinámicas participativas y de investigación-acción. Esto supone una transformación del rol y la práctica de los psicólogos. En España tiene lugar un cambio parecido en la década de los 1980, con el desarrollo de los servicios sociales, las experiencias pioneras en salud comunitaria y la reforma del sistema sanitario.

La Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias (LOPS) de 2003 dejó a los psicólogos que ejercían en el ámbito sanitario en un vacío legal. Para resolverlo, la Ley de Salud Pública de 2011 y otros desarrollos normativos posteriores introdujeron regulaciones para el ejercicio profesional de los psicólogos en el ámbito sanitario. Para desempeñar su labor en la sanidad pública los profesionales deben disponer a partir de entonces del título de Especialista en Psicología Clínica o realizar el Máster en Psicología General Sanitaria.

Sin embargo, la preocupación en los colegios profesionales por conseguir el reconocimiento sanitario para los profesionales de la psicología ha dejado en un segundo plano las necesidades de otros perfiles profesionales. Por ejemplo, los profesionales de la intervención comunitaria podrían verse forzados a acomodarse a otro perfil para garantizar su ejercicio profesional. Por poner un caso ilustrativo, las actividades de diagnóstico o de intervención con familias que se realizan en los servicios sociales comunitarios pasan a considerarse “sanitarias” y para ejercerlas se aplican los mismos requisitos que se exigen en el sistema de salud.

En la práctica puede ocurrir que psicólogos con un perfil comunitario o de acción social se vean obligados a la especialización clínica o a completar su formación en psicología sanitaria en contextos de intervención donde las necesidades sociales requieren otros perfiles de actuación. Para evitarlo, los colegios profesionales posiblemente tendrían que trabajar por un reconocimiento equivalente de otros perfiles de la psicología. Tanto la definición de perfiles profesionales por parte del COP como los estándares de acreditación europeos (Europsy) son antecedentes que pueden contribuir en ese sentido, sin poner en riesgo un rol que ha servido en las últimas décadas para responder de manera más pertinente y efectiva a las necesidades de la comunidad.

Consulta qué hacen los psicólogos de la intervención social y comunitaria:

  • Perfil profesional de la psicología de la intervención social según el Colegio Oficial de Psicólogos de España [PSIS]
  • Guía EuroPsy para la evaluación de la práctica supervisada en Psicología de la Intervención Social y Comunitaria [ISyC], utilizada como modelo de referencia en el Máster en Psicología de la Intervención Social y Comunitaria de la Universidad de Sevilla [PISyC]

El Consejo General de la Psicología en España cuenta con una División de Psicología de la Intervención Social (PISOC) a la que puedes incorporarte completando un formulario.

 


Paseos por Sevilla

JaneSe han propuesto un total de 15 paseos para la primera edición de Jane’s Walk Sevilla. Se trata de una iniciatva que pretende promover un urbanismo de escala humana. Los días 2, 3 y 4 de mayo pueden realizarse paseos que promueven la vinculación comunitaria y un mejor conocimiento de la ciudad.

En este caso los paseos temáticos abarcan la soberanía alimentaria, el arte, la actividad industrial, el patrimonio cultural y las prácticas comunitarias emergentes, entre otros temas.

La participación es abierta.


Cuatro barrios en la frontera del Tamarguillo

This single-use residential subdivision block is devoid of any urban amenities.

Alex S. MacLean (2009). Desert Housing Block, Las Vegas, Nevada.

El bloque de viviendas de la imagen corresponde a un asentamiento urbano en el desierto de Nevada. Forma parte de la colección de fotos aéreas de Alex S. MacLean, de la serie “tierras áridas”. Es una pequeña ciudad de Las Vegas, de impecable diseño, sitiada por la arena en un entorno inhóspito y deshabitado. Pese a la singularidad de este poblamiento, gran parte de la investigación sobre el sentido psicológico de comunidad parece haberse inspirado en este arquetipo de vida urbana. El estudio de las dinámicas de cohesión e identidad en los barrios, los ha considerado tradicionalmente como apiñamientos homogéneos, con fronteras definidas, respecto a los cuáles se determina de manera unilateral el sentimiento de pertenencia de los individuos.

Sin embargo, la realidad suele ser más compleja. Cada barrio está abierto a su entorno y se ve influido por él. Con frecuencia los límites son difusos o se producen solapamientos entre áreas residenciales. La combinación de múltiples sentidos de pertenencia y las relaciones entre barrios forman parte de la vida urbana moderna. Veamos un ejemplo a continuación.

Relaciones entre barrios

La ronda del Tamarguillo en Sevilla constituye -en una parte de su recorrido- una frontera social y geográfica entre Tres Barrios, por un lado, y Nervión y Ciudad Jardín, por otro. Los Pajaritos, Candelaria y Madre de Dios –conocidos como Tres Barrios- son sectores de promociones de viviendas públicas con una elevada prevalencia de problemas sociales. Se trata de vecindarios con zonas deterioradas, con pocos comercios y escasos lugares de encuentro. Al otro lado, Nervión y Ciudad Jardín corresponden en cambio al ensanche urbano de barrios burgueses y residenciales. La manzana de Nervión más próxima al Tamarguillo concentra la mayor parte de los pequeños comercios en la zona -dando lugar a un área activa y populosa-, mientras que Ciudad Jardín es un barrio más tranquilo y menos transitado.

El antiguo cauce del Tamarguillo separa a la población por condiciones materiales de vida de manera diferenciada. Sin embargo, pese a las barreras y dificultades, constituye un espacio de confluencia. La manzana de Nervión más próxima al Tamarguillo es un espacio de encuentro para los residentes de Ciudad Jardín y Tres Barrios. La avenida Marqués de Pickman es el eje comercial y comunitario de este bloque de viviendas. El mercado, los puestos ambulantes al aire libre, los bares y los pequeños establecimientos comerciales son los lugares donde la población de los cuatro barrios tiene la oportunidad de coincidir. También es una vía de paso desde los barrios populares hacia el centro de la ciudad.

Los colegios constituyen también escenarios de contacto entre las familias. Por ejemplo, en algunos centros educativos coinciden las capas populares de Tres Barrios con población acomodada de Nervión. Esto le da a la zona de Nervión Viejo el carácter de espacio de transición urbano y demográfico. También muestra la complejidad de las barriadas de promoción social, como Los Pajaritos o Candelaria, donde una parte de la población pone en marcha estrategias más o menos exitosas de apalancamiento y ascenso social. Es el tipo de dinámicas que se entienden mejor cuando atendemos a cómo cada barrio se relaciona con su entorno, lejos de concebirlo como una isla en el desierto.

 


Jane’s Walk Sevilla

sevillaEn la primera semana de mayo se celebrará en Sevilla por primera vez la convocatoria de paseos comunitarios Jane’s Walk Sevilla.

Esta convocatoria consiste en la realización de paseos por los barrios de la ciudad con guías locales. El objetivo es dar a conocer la diversidad de formas de vida comunitaria en el espacio urbano, compartir las experiencias subjetivas en cada barrio y facilitar el intercambio entre vecinos.

Esta experiencia combina el paseo con la vinculación comunitaria, promoviendo el liderazgo local y la participación ciudadana. Promueve el sentido de pertenencia y pretende mejorar la convivencia entre los vecinos. De este modo desarrolla las propuestas de Jane Jacobs para un urbanismo de escala humana.


El efecto comerciante

Photo: @LincolnRestler

Photo: @LincolnRestler

Los pequeños negocios pueden revitalizar los barrios. Los establecimientos de pequeños empresarios contribuyen al aspecto estético de la ciudad, especialmente en las avenidas comerciales, al mismo tiempo que acercan el tipo de servicios que necesitan los residentes. Son locales que facilitan la interacción entre los vecinos y fomentan el sentido de comunidad. También pueden aportar un valor simbólico en los barrios en los que están ubicados y, cuando se organizan en torno a las asociaciones de comerciantes, constituyen uno de los actores clave en la participación local.

Con frecuencia los programas de desarrollo urbano y de rehabilitación de barrios han pasado por alto la participación de los residentes, los comerciantes y las asociaciones de la comunidad. Sin embargo, los vecinos pueden tener un papel clave, al promover el desarrollo desde dentro.

En Fort Greene, un barrio de Brooklyn, en Nueva York, se produjo una transformación del barrio entre la década de los 1960 y el 2000. Fort Greene pasó de ser un gueto de la minoría negra a convertirse en un zona reconocida por la riqueza de su vida cultural. Los comerciantes negros contribuyeron activamente a esta revitalización. Emprendieron negocios a nivel individual y, simultáneamente, se implicaron en iniciativas colectivas que aportaban una visión estratégica de las zonas en las que estaban ubicados.

En este caso la concentración de pequeños negocios y la asociación de los comerciantes contribuyeron decididamente al proceso de construcción comunitaria. Restaurantes, locales de jazz, cafeterías, tiendas de antigüedades, librerías, galerías de arte, panaderías y tiendas de servicios personales, entre otros, se fueron ubicando progresivamente en el área. A lo largo de cuatro décadas –con una confluencia de vectores de desarrollo- el barrio experimentó una reducción en las tasas de delincuencia, recibió nueva población, aumentó su valor inmobiliario y atrajo más turistas. Fort Greene se fue constituyendo como un vibrante enclave cultural negro.

En Andalucía podríamos hacer un paralelismo con el caso del Albaicín en Granada. En la zona de Nueva Calderería se concentran teterías, bocadillerías y restaurantes vinculados a la cultura árabe, muchos de ellos regentados por marroquíes. Estos negocios han contribuido al dinamismo económico y turístico del vecindario. También conforman un espacio de relación que incide en la cohesión de los residentes, en procesos de identificación, y en la singularidad del barrio.

Referencia del artículo:

Sutton, S. A. (2010). Rethinking Commercial Revitalization: A Neighborhood Small Business Perspective. Economic Development Quarterly, 24, 352-371.


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