La naturaleza multicausal del trabajo infantil

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El trabajo infantil es uno de los principales problemas a los que se enfrentan los niños y niñas en el mundo, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Aunque se ha observado una reducción importante en el número de niños y adolescentes trabajadores en la última década, actualmente todavía cerca de 168 millones de niños y niñas se dedican a algún tipo de actividad laboral, muchos de ellos a alguna de las peores formas de trabajo infantil definidas por la Organización Internacional del Trabajo y el programa IPEC.

El trabajo infantil no es un fenómeno multicausal, cuyo origen no está solamente en factores económicos, sino también educativos, familiares y sociales.

Es evidente que un mayor nivel de pobreza implicará una mayor probabilidad de que los niños se dediquen a actividades laborales. Aunque los ingresos de los menores que trabajan sean casi siempre inferiores a los de los adultos, en ocasiones su aportación económica es fundamental para el mantenimiento de la familia, cuando existen estas condiciones de pobreza. Sin embargo esto no siempre es así, o al menos, la relación no es siempre tan directa. Por ejemplo, se ha encontrado que los niños y las niñas en condiciones de pobreza de zonas urbanas se dedican en algunos casos a actividades laborales con más frecuencia que los niños y niñas de zonas rurales con las mismas condiciones. Ello se explica en parte porque en las zonas urbanas suele haber más oportunidades laborales, tanto para los adultos como para los niños. Incluso se ha comprobado que cuando un país en vías de desarrollo crece, puede observarse un aumento de las tasas de trabajo infantil (ha ocurrido en India, por ejemplo), en parte explicado por lo mismo.

Por ello, es necesario pensar en otras causas que influyan en esta relación entre la pobreza y el trabajo infantil. Por ejemplo, hay que destacar el papel de las características familiares. El orden de nacimiento de los hijos, hace que unos tenga más probabilidades de trabajar que otros. Los primogénitos suelen tener tasas de trabajo infantil más elevadas que sus hermanos más pequeños. Una familia de mayor tamaño hará que algunos de los hijos trabajen, mientras otros acuden a la escuela, bajo un cierto efecto de especialización en el seno familiar. Además, el hecho de que los padres hayan trabajado cuando pequeños o tenga cierto nivel de estudios son dos factores clave. Si los padres han trabajado en la infancia, es más fácil que los hijos también trabajen. Y al contrario, conforme aumenta el nivel de estudios (sobre todo de la madre), disminuye la probabilidad de presencia de trabajo infantil en los hijos.

Como hemos dicho, vivir en el campo o en la ciudad influye en que los niños y niñas se dediquen a trabajar. Pero no sólo eso, sino que el desplazamiento del ámbito rural al ámbito urbano, puede hacer que aumenten las probabilidades de trabajo infantil. Las familias que se desplazan del campo a la ciudad lo hacen por necesidades económicas, de seguridad o de acceso a servicios públicos. Si este desplazamiento no es planificado y se produce en condiciones precarias y de forma masiva, es posible que en la llegada a la ciudad estas familias tengan que ubicarse en la periferia de la ciudad, en condiciones de pobreza y exclusión, lejos de los servicios públicos que buscan, lo que puede hacer que estas necesidades permanezcan e incluso se agraven.

Finalmente, hay factores relacionados con las condiciones del contexto educativo que también influyen en el trabajo infantil. Por ejemplo, un contexto educativo con pocos recursos y una gestión no adecuada (masificado, sin infraestructuras, con pocos profesores, etcétera) puede hacer que aumenten las tasas de trabajo infantil. Si las familias peciben que la escuela tiene escaso valor formativo para sus hijos o bien implica un coste demasiado elevado para los beneficios que reporta, es posible que sopesen implicar a sus hijos en actividades laborales o al menos, compartir trabajo y escuela.

En definitiva, hay una causa primaria del trabajo infantil (la pobreza), pero que se ve modulada por muchos otros factores (contexto social, características familiares o calidad del sistema educativo, entre otros). Ello hace necesario que cualquier intervención en trabajo infantil sea también multifactorial, para atender a la naturaleza multicausal del trabajo infantil.

Para ampliar esta información:

Holgado, D., Maya-Jariego, I., Palacio, J. & Oviedo-Trespalacios, O. (2016). Two profiles of child labor in the Colombian Caribbean Coast: relocated children to suburban areas compared to the key role of social and labor characteristics of mothers in urban settings. In G. Tonón (Ed.). Indicators of Quality of Life in Latin America. Social Indicators Research Series, Vol. 62. New York: Springer.

 

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