El movimiento ciudadano del 15M: Bases para la participación del Siglo XXI (parte 2)

Para transgredir, primero hay que conocer (atribuida a Pablo Picasso)

El 15M no ha pasado desapercibido en la vida política española. Las instituciones públicas y los partidos políticos, desde diferentes enfoques, y con diferentes argumentos, han elaborado posiciones más o menos favorables al movimiento, y con diferente nivel de autocrítica.

De una manera más o menos simple, podemos definir la democracia como un procedimiento para que la lucha de diferentes intereses, más o menos estructurados en torno a ideas, se resuelva a través de reglas previamente acordadas y de naturaleza pacífica. El movimiento 15M viene a reivindicar el deterioro de estas reglas o más bien de las instituciones que surgen de ellas. Recientemente, José María Ridao lo expresaba con mayor profundidad [ver aquí]

Tan preocupante es que las instituciones dejen de cumplir su función como pensar que ignorar su existencia es la respuesta óptima. Algunas dimensiones a tener en cuenta y que podrían consolidar la incidencia política del movimiento 15M serían las siguientes:

Movimiento espontaneo vs movimiento estructurado. El 15M se encuentra en fase instituyente, emergente y espontánea. Sin embargo, esta situación, propia de los movimientos recién conformados, derivará en un proceso natural de institucionalización o mejor de formalización. Será el momento de tomar decisiones acerca del rol a desempeñar en la sociedad, bien a modo de plataforma ciudadana, asociación, partido político, o cualquier otro canal de interlocución social y de asunción de responsabilidades públicas.

El debate político, un debate sobre respuestas. Hasta ahora, el 15M ha fundamentado su éxito en el planteamiento de los déficits de la democracia y la política actuales. Pero la naturaleza de la crisis actual no solo se sitúa en un plano ideológico, sino más bien en los intereses que, en torno a las propias ideas, hacen valer los distintos grupos sociales.  El 15M tiene la oportunidad de convertirse en un actor social más que oriente hacia la práctica el debate de las ideas sobre el que se sustenta.

De la desafección política al descrédito institucional. Sería imprudente confundir el enunciado del problema con la solución, ya que habitualmente se es más acertado en identificar los déficits del sistema que en plantear propuestas viables en términos de soluciones. La crítica del 15M ante los mecanismos de participación no debe confundirse con un ataque a las instituciones que representan a la ciudadanía. Partidos políticos, sindicatos y ONG no dejan de estar compuestos por ciudadanos y ciudadanas y su renovación pasa inexorablemente por un incremento de la vocación política y de participación del conjunto de la ciudadanía.

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