Preparación comunitaria para la salud

Niveles de preparación para el cambio

Conseguir buenos resultados en la intervención social no sólo depende de un diseño adecuado de programas o de la difusión de buenas prácticas participativas, sino del contexto en el que tiene lugar la acción social. Esta sencilla idea de interacción entre la acción social y el contexto en el que se desarrolla (que remite de hecho a las propuestas originales de investigación-acción de Kurt Lewin), se está analizando de forma sistemática en la investigación reciente con el concepto de preparación comunitaria.

La idea de preparación comunitaria traslada al campo social la noción de disponibilidad para el cambio en el caso de la terapia individual. La recuperación terapéutica requiere, por ejemplo, ser consciente de padecer un problema, comprometerse con el cambio personal, introducir cambios comportamentales, etcétera. En el caso del cambio comunitario son relevantes el nivel de sensibilidad social sobre determinados problemas sociales, el grado de organización comunitaria o la institucionalización de los programas sociales, entre otros factores.

Para reflejar la diversidad de contextos comunitarios, en algunos casos (como el modelo de Oetting) se llegan a precisar hasta nueve niveles diferentes de preparación para el cambio. De un modo más sencillo, podemos pensar en factores cognitivos, motivacionales, organizativos e institucionales que facilitan el cambio comunitario. Un esquema más simple son los tres niveles de preparación comunitaria, representados en el gráfico:

  1. La primera etapa de la preparación comunitaria se refiere a la sensibilidad sobre el problema social. Para eso es necesario un buen nivel de información sobre las necesidades de la población, que la comunidad esté al tanto de los recursos existentes y cierta conciencia social sobre el problema en cuestión.
    • Por ejemplo, afrontar el problema de los malos tratos a la mujer se ve facilitado cuando existe un registro de los casos de violencia, cuando la población conoce los programas de prevención y acompañamiento existentes y cuando existe un debate social sobre el problema.
  2. En segundo lugar, la comunidad se tiene que organizar para afrontar el problema. La organización comunitaria se refleja en un liderazgo adecuado, y en los niveles de participación ciudadana, voluntariado y asociacionismo, entre otros factores.
    • En el caso de los malos tratos, la existencia de asociaciones de mujeres víctimas de la violencia doméstica y el activismo de las minorías más sensibilizadas pueden facilitar el cambio comunitario.
  3. Cuando se dan los niveles adecuados de sensibilidad y organización comunitaria, se alcanzan los mayores niveles de preparación, que se corresponden con la institucionalización del problema social. Los dispositivos educativos, sociales o sanitarios están organizados para responder a las necesidades sociales y se aplica una lógica de efectividad y difusión de buenas prácticas de intervención.
    • Si la comunidad está preparada para afrontar la violencia de género, los programas e iniciativas sociales se aplican siguiendo una lógica de efectividad. Se ponen en práctica los programas que mejor funcionan, de acuerdo con las evidencias previas, se promueve la difusión de las mejores prácticas, etcétera.

Este modelo se ha utilizado en un estudio sobre el rol de los trabajadores sociales en atención primaria en Andalucía. Más información en:


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